“LOS ALPES”, EL PASAJE MÁS ANGOSTO DE BUENOS AIRES (por Pablo R. Bedrossian)

SERIE “PASAJES Y CALLES CURIOSAS DE BUENOS AIRES”

Ubicado en el barrio de Caballito, Los Alpes es el pasaje peatonal más angosto de Buenos Aires. Aunque suele pasar inadvertido, no es difícil llegar hasta él. Basta caminar por la Avenida Rivadavia desde Primera Junta y doblar a la izquierda en la calle Parral. Tras cruzar la calle Yerbal, Parral se interrumpe, obligando a continuar el paso por un estrecho puente peatonal de hierro levantado sobre las vías del tren.

01 DSC00892Justo antes del puente, una placa metálica nos informa que a nuestra derecha, a la altura de Parral 149, se encuentra la única entrada al Pasaje Los Alpes.

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El Pasaje Los Alpes es una suerte de vereda que de un lado tiene un conjunto de casas y del otro una alambrada desde la cual se observan las vías del Ferrocarril Sarmiento.

03 DSC00894Dice el arquitecto Rolando Schere “en su nacimiento un puente metálico que cruza sobre las vías, da continuidad peatonal a la calle Parral. Originalmente existían ocho casas chorizo y remataba en la puerta de entrada a la última casa. En la actualidad varias de estas viviendas han sido remplazadas por edificaciones de gran altura. El pasaje da la sensación de ser un balcón sobre las vías del ferrocarril. El nombre original era Pasaje Beade, apellido del dueño de los terrenos en la década del treinta”[1].

05 DSC00908En realidad, la única casa que ha sido reemplazada por un edificio alto es la de la esquina de Los Alpes y Parral. La numeración del pasaje va del 554 al 598, accediéndose desde este número hasta la entrada de la última casa, cuya puerta de alambre entramado es perpendicular al pasaje y constituye su final.

¿CUÁL ES SU VERDADERO NOMBRE?

Si observamos el mapa de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires[2], veremos que al colocar en el buscador Los Alpes de inmediato aparece Beade, en honor de “don Fernando Beade, natural de Galicia y escribano en Buenos Aires, antiguo propietario de las casas que dan al pasaje, por esto llamado Beade[3]. Sin embargo, al revisar en la base de datos de códigos postales del Correo Argentino[4] aparece exclusivamente Los Alpes. Curiosa dicotomía. ¿Cuál es el nombre verdadero del pasaje?  ¿Beade o Los Alpes?

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Miguel Iusem dice que Los Alpes es el “nombre no oficial” pero lo incluye en su Diccionario de la Calles de Buenos Aires “por tratarse de la calle más angosta de Buenos Aires”[5]. Sin embargo, Alberto Piñero, en su obra sobre los nombres de las calles porteñas, corrige ese dato y nos da la respuesta, señalando que, si bien aparece como Beade en el Indicador Urbano de Buenos Aires de 1900, el nombre cambia a Los Alpes debido a la Ordenanza N° 5.361, B.M. N° 3.531, de 1933[6].

06 DSC00912Esto mismo lo confirma el experto Eduardo Balbachán, precisando que dicha Ordenanza fue emitida por Honorable Consejo Deliberante de la Ciudad de Buenos Aires del 28 de diciembre de 1933. Para quitar toda duda, añade su transcripción: “Denomínase Los Alpes a la vía pública que va de Hidalgo a Parral, entre Yerbal y Bacacay”[7].

04 DSC00906De todos modos, Piñero menciona que en el Plano Municipal de 1968 sigue apareciendo como Beade, un anacronismo que, como vimos, hasta la fecha no ha sido corregido. Al visitar el pasaje el único nombre visible es el oficial: Los Alpes, y el único código postal para todas las casas de su corta cuadra, C1405CEB, está asignado a su nombre.

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Estado actual

Como otros pasajes peatonales de Buenos Aires, necesita recuperar su brillo.

DSC00896Creemos que el Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires debería tener un plan para la conservación de estos espacios únicos, que le dan a la Reina del Plata un toque diferente. Cada barrio tiene sus tesoros, y el Pasaje Los Alpes es una perla oculta de Caballito.

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[1] Schere, Rolando H., “Pasajes”, Ediciones Colihue, Colección del Arco Iris, Buenos Aires, Argentina, 1998, p.76

[2] https://mapa.buenosaires.gob.ar

[3] Castro López, Manuel, Almanaque Gallego, Buenos Aires, Argentina, 1927, p.63

[4] http://www.correoargentino.com.ar/formularios/cpa

[5] Iusem, Miguel, “Diccionario de las calles de Buenos Aires”, Instituto Rioplatense de Ciencias, Letras y Artes (IRCLA S.A.), Buenos Aires, Argentina, 1971, p.111

[6] Piñeiro, Alberto Gabriel, “Las calles de Buenos Aires, sus nombres desde su fundación hasta nuestros días”, Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, 2003, p.302

[7] Balbachan, Luis Eduardo, “Los ignorados pasajes de Buenos Aires”, Editorial Rodolfo Alonso, Buenos Aires, Argentina, 1982, p.47

FICHA TÉCNICA:

Pasaje Los Alpes - Ficha Técnica

FOTOGRAFÍAS:

Todas las fotos fueron tomadas por el autor y a él le pertenecen todos los derechos.

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“STEVE JOBS”, SU BIOGRAFÍA SEGÚN WALTER ISAACSON (por Pablo R. Bedrossian)

SERIE “LECTURA RECOMENDADA”

Steve Jobs

Steve Jobs fue una suerte de Leonardo Da Vinci de nuestro tiempo. Puso la tecnología al alcance de todos mediante la computadora personal y mostró y demostró que los límites a la imaginación los fijamos nosotros mismos.

La biografía escrita por Walter Isaacson lo revela desde diversos ángulos. Por ejemplo, lo describe como un vegano radical en su juventud que no se bañaba creyendo que su alimentación lo preservaba del mal olor (algo que, para desgracia de sus amigos, la realidad se ocupaba de contradecir); Más adelante transcribe sus declaracioes sosteniendo que consumir LSD había sido una de las experiencias más importantes de su vida.

Sin embargo, no es una obra sobre las excentricidades de Jobs. Dejemos que el propio autor nos revele la temática de su obra: “Este es un libro sobre la accidentada vida y la abrasadora e intensa personalidad de un creativo emprendedor cuya pasión por la perfección y feroz determinación revolucionaron seis industrias diferentes: los ordenadores personales, las películas de animación, la música, la telefonía, las tabletas electrónicas y la edición digital. Podríamos incluso añadir una séptima: la de la venta al por menor, que Jobs no revolucionó exactamente, pero sí renovó. Además, abrió el camino para un nuevo mercado de contenido digital basado en las aplicaciones en lugar de en los sitios web”.

Isaacson va (re)construyendo la historia a través entrevistas, testimonios y fuentes, obteniendo una pintura completa de Steve Jobs. No es exagerado decir que lo presenta como un genio de la innovación, un obsesivo del diseño y un maestro del marketing. Pero, como suele suceder con otros perfeccionistas, el fundador de Apple era despiadado en el trato humano. Una de las actitudes más llamativas era el insulto sistemático hacia aquellos que no satisfacían sus expectativas. Por esa incontrolable tendencia a agredir verbalmente perdió talentosos colaboradores. Sin embargo, hubo un ingeniero que supo interpretar que los insultos de Jobs no eran una ofensa personal sino su forma de decir “puedes hacerlo mejor”.

También, según Isaacson, Jobs vivía creyendo que el poder de la voluntad humana podía alterar la realidad. Así fue creando dispositivos asombrosos como iPod, el iPhone y el iPad. Pero, -señala con amargura- fue esa misma idea de omnipotencia la que lo llevó a la muerte, pues basado en ella desechó los tratamientos que le hubieran salvado la vida.

Leer “Steve Jobs” de Walter Isaacson es ser testigo del camino recorrido por un creador de nuestro tiempo; más que relatar los fracasos y éxitos de Jobs, el libro muestra sus caídas y levantadas. Subraya una tenacidad rayana con la obstinación que, unida a su original estilo de pensamiento, fue capaz de influir positivamente en la vida de millones de personas.

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“LOS 7 HÁBITOS DE LA GENTE ALTAMENTE EFECTIVA”, PRINCIPIOS PARA TODA LA VIDA (por Pablo R. Bedrossian)

SERIE “LECTURA RECOMENDADA”

7-habitosLa mayoría de la gente culpa a los demás por sus fracasos. Algunos atribuyen los sufrimientos presentes a experiencias traumáticas de su niñez. Otros, a injusticias y maltratos en el ámbito laboral o familiar, o a calamidades recientes, como robos, despidos o estafas. Incluso, hay quienes se sienten víctimas de maldiciones, del gobierno o del FMI. Independientemente de su verdadera causalidad, mientras pongamos el problema fuera de nosotros, nada va a cambiar. “Los 7 Hábitos de la Gente Altamente Efectiva” fue escrito para dejar de mirarnos como testigos de lo que nos sucede para convertirnos en protagonistas que escriben su propia historia.

No es un obra de autoayuda; ni de management personal. Es un libro de filosofía de vida que ayuda a poner bajo una adecuada perspectiva nuestros pensamientos y nuestras acciones. Su primera parte habla de lo que el autor llama “la victoria privada”, la construcción de hábitos basados en valores, entendidos como creencias profundas sobre los cuales cimentamos nuestra persona. La segunda parte está dedicada a “la victoria pública”, que se ocupa de la formación de hábitos de comunicación y comportamiento que mejoran y enriquecen las relaciones interpersonales.

Esta obra combate el miedo, la inseguridad y la desesperanza. Quizás su mayor aporte consista en cuestionar paradigmas profundamente arraigados dentro nuestro y volvernos responsables por nuestros actos y nuestros resultados. Para ello nos provee herramientas que han demostrado ser a lo largo de los años columnas inquebrantables sobre las cuales crecer y desarrollarnos.

“Los 7 Hábitos de la Gente Altamente Efectiva” es un libro para leer y releer. Su autor, Stephen R. Covey, ha sido llamado el Sócrates norteamericano. Sus lecciones sobre el cambio personal pueden revolucionar su vida. La clave consiste en leer este libro mirando hacia dentro de nosotros mismos.

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LOS PASAJES JULIO S. DANTAS Y GUILLERMO ENRIQUE GRANVILLE (por Pablo R. Bedrossian)

SERIE “PASAJES Y CALLES CURIOSAS DE BUENOS AIRES”

A fines de 2014 publiqué la nota “Tres curiosas calles de mi Buenos Aires querido”[1]. Hablaba allí de los pasajes Julio S. Dantas y Guillermo Enrique Granville y de la calle Martín Pescador. A pesar de haber emigrado, deseaba escribir sobre esas perlas ocultas de mi amada Buenos Aires. Durante una visita en 2016, pude regresar al pasaje Julio S. Dantas -en realidad, una calle muy angosta- y al pasaje Guillermo Enrique Granville, una pequeña vía peatonal. Entre ambos conforman una suerte de chata y ancha letra T. Si no lo han hecho aún, los invito a recorrerlos.

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Los pasajes Julio S. Dantas y Guillermo Enrique Granville se ubican en Villa Santa Rita. Aunque muchos lo confunden con Monte Castro, Floresta o Villa del Parque, este barrio tiene identidad propia. Está delimitado al este por la calle Condarco, al norte por la Avenida Álvarez Jonte y la calle Miranda, al oeste por la calle Joaquín V. González, y al sur por la Avenida Gaona. Fue levantado sobre una zona de quintas, lotificada a fines del siglo XIX[2].

EL PASAJE JULIO S. DANTAS

Si uno viene desde las avenidas Gaona o Juan B. Justo, sugerimos iniciar el recorrido por la calle Cuenca, poco antes de llegar a la Avenida Álvarez Jonte. A mano izquierda se abre la estrecha calle empedrada Julio S. Dantas.

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Su acera izquierda es una rampa de acceso, seguramente pensada para niños con capacidades motrices diferentes, porque a mitad de cuadra hay una escuela pública. La rampa tiene a su izquierda una baranda metálica pegada a la pared donde resalta una pintura publicitaria de la empresa Petri y el anuncio del estacionamiento para sus clientes.

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La pintura publicitaria va seguida de un mural infantil.

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A la derecha de la rampa hay un cantero poblado de vegetación.

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El pasaje Dantas nace en Cuenca 2102 y técnicamente se extiende en dirección oeste hasta Llavallol 2055, entre Elpidio González y Álvarez Jonte. Sin embargo, el pasaje realmente termina en la calle Campana, la calle siguiente, porque al llegar a ella y doblar a la izquierda, a pocos metros se abre otro pasaje, más ancho y pavimentado, que, aunque recibe el mismo nombre, no continúa ni el eje ni el diseño de la curiosa callecita empedrada.

El pasaje Dantas asciende hacia su centro bordeado por casas, en su mayoría de una planta.

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Una excepción la constituye un edificio de ladrillos rojos, amplios ventanales y secciones lisas color amarillo en su fachada.

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Un poco más allá se encuentra a mano izquierda la Escuela Provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur (su altura exacta es 3260); del lado derecho nace el estrecho pasaje peatonal Guillermo Enrique Granville, cuya entrada tiene una pequeña rampa en el centro con sus respectivos apoyamanos, a la izquierda un camino para los transeúntes y a la derecha un alto cantero con plantas y un farol pintado de gris.

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Continuando por Dantas, la calle desciende en suave pendiente hacia la calle Campana.

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Termina también con una rampa a la izquierda y con escalones a la derecha.

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Por el pasaje Julio S. Dantas puede pasar sólo un auto por vez y no hay espacio para que lo recorra un camión. Sus aceras están elevadas, remedando las veredas de La Boca.

¿DE DÓNDE PROVIENE SU NOMBRE?

La altura del pasaje Julio S. Dantas va del 3201 al 3300. De lado sur tiene una cuadra, del norte dos, pues la divide el pasaje Granville. Una placa permite leer allí Julio S. Dantas 3270-3300 marcando el inicio de su segunda cuadra.

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No hay acuerdo en cuanto al origen de su nombre. Según Eduardo Luis Balbachán antiguamente se llamaba Saragoza, pero Rolando H. Schere dice que su nombre original era El Delta, que es la continuación que tiene el pasaje del otro lado de la calle Cuenca. Sin embargo, desde 1944 toma su nombre actual honrando la memoria de un héroe de la Guerra con el Paraguay.

Recibió su nombre por el Decreto 2279 del 30 de junio de 1944, durante la intendencia del coronel César R. Caccia. Hablando de militares, el nombre lo recibe de un hombre de armas, héroe de la Guerra con el Paraguay. Julio S. Dantas había nacido en 1847 en Buenos Aires. A sus 19 años, en la batalla de Sauce o de Boquerón de Piris, recibió una bala que le destrozó la mandíbula durante el osado intento de colocar la bandera argentina en las trincheras enemigas. A pesar de ello, aferró de tal modo el pabellón celeste y blanco que al subteniente Bosch le costó trabajo arrancárselo. Bosch pensó que estaba muerto, pero su asistente, el soldado Enrique Flores, lo tomó por debajo de sus brazos, lo cargó en su espalda y lo llevó a territorio amigo. Dantas sobrevivió. Tras un año de hospitalización fue dado de alta y ascendido a teniente. Se retiró un año después con el título de capitán. Más tarde ejerció funciones administrativas en el Ministerio de Guerra y en la Policía, donde llegó a ser el Jefe de la Provincia de Buenos Aires. Fue diputado electo en 1882 y reelecto en 1908. Murió en 1922.

PASAJE GUILLERMO ENRIQUE GRANVILLE

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Comienzo diciendo que en mi última visita encontré varias mejoras en el pasaje Guillermo Enrique Granville, que lo han embellecido. Es una de las escasas calles peatonales que perduran en Buenos Aires. Debajo comparto vistas de su entrada, primero iniciando el recorrido desde el pasaje Julio S. Dantas, y luego, girando 180º, como si desembocáramos en él.

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Para ser exactos, el pasaje Guillermo Enrique Granville se extiende entre Julio S. Dantas 3271 y Álvarez Jonte 3270. Adquirió su nombre en el mismo decreto 2279 del 30 de junio de 1944 que le dio su nombre al pasaje Dantas. Aunque es un pasaje corto, su numeración va del 2101 al 2200.

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Comienza con una pasarela angosta y la rampa que mencionamos, que a un lado tiene un cantero con plantas, arbustos y algunos árboles, y al otro las edificaciones.

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Luego el sendero empedrado se ensancha, encontrando canteros con plantas y arbustos en su centro, faroles pintados de gris y glorietas.

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Rodeado de viviendas familiares, en su mayoría de una planta, transmite una atmósfera apacible.

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Es un espacio único, una suerte de península urbana, ajena al movimiento de la Avenida Álvarez Jonte.

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Precisamente, al llegar a la avenida mencionada hay una nueva rampa que facilita el paso de personas con capacidades motrices diferentes, con sendos apoyamanos a sus lados; a un lado hay una acera con escalones y al otro más canteros.

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Un colorido mural, firmado “M.A.V. 2015” decora una de sus paredes laterales seguido de otro más pequeño donde se lee “Escuela Nº 18 Pcia. de Tierra del Fuego”.

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Cuenta el arquitecto Rolando H. Schere que antiguamente se lo llamó Normandía y La Puñalada. Hay un website titulado “Vecinos del Pasaje La Puñalada autoconvocados en defensa de Granville y su entorno de pasajes” que contiene información muy rica acerca del pasaje, además de protestar por la construcción de torres vecinas, reclamo que apoyamos en su totalidad.

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Dice allí: “Y hablamos de su belleza, no solamente porque muchos son la cuarta generación de habitantes de estas 14 casas, la mayoría levantadas por inmigrantes italianos… sino por razones objetivas: Granville es un pasaje peatonal de una sola cuadra, atravesado por largos canteros con palmeritas, limoneros, damas de noche o higueras, donde todavía podrá encontrar por las tardes niños corriendo una pelota, o recorriendo sus baldosas en bicicleta, que son nuestros hijos adueñándose de la vereda paradójicamente en uno de los pocos barrios que no cuenta con ningún espacio verde, ni parques ni plazas. Es un rinconcito de Buenos Aires donde todos los 8 de diciembre, cada vecino trae sus adornos navideños y entre todos decoramos un único arbolito en un cantero de nuestra calle. Y a toda esta belleza se suma que en uno de sus extremos Granville linda con otro pasaje angosto y empedrado: Julio Dantas, donde se encuentra la escuela primaria Nro 18 DE 17, cuyos alumnos atraviesan Granville para volver a sus casas” [3]. Magnífico testimonio de los vecinos de esta oculta perla porteña.

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¿POR QUÉ SE LLAMA ASÍ?

Hay dos versiones que explican por qué antiguamente el pasaje era conocido como “La puñalada”: una, por su trazado visto desde arriba, abriendo un corte en la manzana; otra, por una pelea entre compadritos a principios del siglo XX. En 1944, gracias al decreto mencionado arriba recibe la denominación actual.

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Su nombre proviene de un marino inglés, nacido en 1793, que había estado al servicio del almirante Thomas Cochrane, un estratega naval británico que peleó por la independencia americana en el Pacífico chileno. Granville llegó de Chile a Buenos Aires cuando se iniciaba la guerra con el Brasil imperial por el dominio de la Banda Oriental. En 1826 fue nombrado capitán y estuvo a cargo de la goleta Guanaco. A fines de ese año se sumó con su nave a la flota dirigida por el almirante Guillermo Brown que ascendió por el río Uruguay, y que tuvo su día glorioso en la batalla de Juncal. Durante el 8 y 9 de febrero la escuadra de las Provincias Unidas del Sur combatió a sangre y fuego con la brasileña. tomando finalmente ventaja a través de su inteligencia militar. Sin perder navío alguno, logró apresar doce buques e incendiar otros tres. Por su participación en esta extraordinaria victoria Granville fue ascendido a sargento mayor. Dos meses después tuvo una heroica participación el combate de Monte Santiago, que fue la mayor derrota naval argentina en aquella contienda. A cargo del bergantín República, sufrió una grave herida en el brazo izquierdo que le fue amputado a la altura del codo. En ese estado tuvo que trasladarse a la goleta Sarandí, desde donde hizo volar al República, ya abandonado, para que no cayera en manos enemigas. Murió en 1836.

REFERENCIAS:

[1] https://pablobedrossian.wordpress.com/2014/11/08/tres-curiosas-calles-de-mi-buenos-aires-querido-por-pablo-r-bedrossian/

[2] http://www.buenosaires.gob.ar/laciudad/barrios/villa-santarita

[3] http://vecinosdegranville.blogspot.com/2010/04/la-punalada-milonga-de-juan-darienzo.html

NOTA:

En letra itálica aparece el texto transcripto del primer artículo (ver link arriba en REFERENCIAS) y el aporte de la página vecinal.

FOTOGRAFÍAS:

Todas las fotografías fueron tomadas por el autor de esta nota y le pertenecen todos los derechos.

BIBLIOGRAFÍA:

Balbachan, Luis Eduardo, “Los ignorados pasajes de Buenos Aires”, Editorial Rodolfo Alonso, Buenos Aires, Argentina, 1982

Iusem, Miguel, “Diccionario de las calles de Buenos Aires”, Instituto Rioplatense de Ciencias, Letras y Artes (IRCLA S.A.), Buenos Aires, Argentina, 1971

Piñeiro, Alberto Gabriel, “Las calles de Buenos Aires, sus nombres desde su fundación hasta nuestros días”, Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, 2003

Schere, Rolando H., “Pasajes”, Ediciones Colihue, Colección del Arco Iris, Buenos Aires, Argentina, 1998

 

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“LA VISITACIÓN”, LENGUAJE NO VERBAL Y CONEXIÓN HUMANA (por Pablo R. Bedrossian)

SERIE ARTE Y MANAGEMENT

Piero di Cosimo (1462-1522) fue un pintor renacentista italiano. La única fuente biográfica es el libro “Vidas”, escrito por Giorgio Vasari a mediados del siglo XVI. Allí lo destaca por “la extrañeza de su mente y por su constante búsqueda, a pesar de las dificultades”; sin embargo, también enfatiza sus manías y su notable misantropía, describiéndolo como “más animal que humano”.  A pesar de ello, nosotros vemos a través de esta pintura el espíritu sensible de un artista, capaz de comunicar emociones a través del lenguaje corporal de sus personajes.

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Hace muchos años llegó a mis manos un pequeño librito de Bruce Larson, titulado “Ya no somos extraños”. Sostenía que vivimos en un mundo de relaciones y que la clave del éxito radicaba en aprender a relacionarnos. En el presente esa tesis ha quedado obsoleta.

Hoy vivimos en una época de conectividad. Vivimos conectados a dispositivos, a redes móviles, a redes inalámbricas, a redes sociales, y, sin embargo, tenemos una profunda carencia de conexiones humanas. Dicho de otro modo, las relaciones ofrecen contacto; las conexiones crean confianza. No es lo mismo conocer a alguien que entenderlo, hablar con él que comunicarnos. Para una verdadera conexión es necesario el deseo genuino de establecerla.

Nuestra voluntad se expresa de diversos modos. No sólo hablan las palabras: nuestro cuerpo habla. Los sucesivos experimentos de Albert Mehrabian sobre actitudes y sentimientos, mostraron que sólo el 7% de la información se atribuye a las palabras, mientras que el 38% se atribuye a la voz (entonación, proyección, resonancia, tono, etc.) y el 55% al lenguaje corporal (gestos, posturas, movimiento de los ojos, respiración, etc).

Los recientes estudios de Paul Ekman han contribuido significativamente a la comprensión del lenguaje no verbal a través del análisis de las expresiones faciales de las emociones primarias (alegría, ira, tristeza, miedo, asco, sorpresa y, posteriormente, desprecio). A través de ellos este investigador demostró contundentemente la universalidad de estas microexpresiones.

HABLAR SIN PALABRAS

El primer punto de contacto con otro ser humano suele ser el saludo. Es muy difícil establecer una conexión con el prójimo sin saludarlo. Veamos en un ejemplo cómo el lenguaje corporal construye puentes interpersonales.

El óleo en tabla “Visitación con los santos Nicolás y Antonio” (“Visitazione con i santi Nicola e Antonio”) fue pintado alrededor de 1490 por Piero di Cosimo; se lo puede admirar en la National Gallery of Art, de Washington D.C., Estados Unidos.

La obra representa una escena relatada en el Evangelio según San Lucas, el encuentro entre dos mujeres: María y Elisabet. Elisabet era estéril y de edad avanzada[1], pese a lo cual quedó embarazada; llevaba en su vientre a quien sería conocido como Juan El Bautista. Según el escritor cristiano, seis meses después[2], María, que era su pariente[3] concibió del Espíritu Santo a Jesús, “por lo cual… será llamado Hijo de Dios”[4].

Continúa el relato “En aquellos días, levantándose María, fue de prisa a la montaña, a una ciudad de Judá; y entró en casa de Zacarías, y saludó a Elisabet”. Ese es el momento que retrata el pintor en esta obra, que completa con las imágenes de san Nicolás y san Antonio (en realidad, el abad Antonio) en los ángulos inferiores, quienes parecen estar ajenos al encuentro.

Piero di Cosimo reinterpreta el texto bíblico. Pone a las mujeres en un entorno medieval y se concentra en la conexión que establecen a través del lenguaje corporal. Observemos la pintura:

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A la izquierda, más joven, vestida de azul y púrpura se encuentra María; a la derecha, mayor, con un vestido oscuro y una mantilla blanca está Elisabet. El artista presenta cuatro elementos no verbales que las vinculan:

Los torsos y cabezas inclinados hacia adelante, que indican proximidad y confianza.

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Desde luego, un acercamiento mayor produce incomodidad; todos necesitamos sentirnos dueños de un espacio alrededor nuestro, generalmente de un metro cuadrado; si alguien ingresa a esa zona sin nuestro consentimiento nos sentiremos invadidos. Pero la inclinación del cuerpo hacia la otra persona muestra interés y deseo de cercanía.

Las miradas: ambas se miran a los ojos.

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Se dice que los ojos son las ventanas del alma. Mirar a los ojos significa prestar y dedicar atención. A través de la maestría del artista, percibimos en las apacibles miradas simpatía, aprecio y consideración mutuas.

Las manos estrechadas: Es la forma más simple y a la vez más simbólica del contacto humano.

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Ofrecer la mano es una muestra de buena disposición hacia la otra persona. En franquearle el acceso a nosotros. Desde luego, importa cómo damos la mano. Un apretón firme comunica de una voluntad favorable, mientras que una mano blanda puede sugerir que se saluda por compromiso o sin interés.

La mano izquierda apoyada sobre el brazo de la otra mujer quien, a su vez, agita la suya con la palma abierta.

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La mano de María conecta con Elisabet a modo de un puente tendido entre ambas. El gesto sugiere que la pariente más joven es la que toma la iniciativa. La mano abierta de la anciana parece una respuesta al contacto, y expresa satisfacción y bienvenida. Cada una a su manera manifiesta el interés de conectarse con la otra.

Si bien la forma difiere según la cultura, en todas las sociedades el saludo es el punto de partida para toda conexión humana. La pintura de Piero di Cosimo nos propone cómo dar los primeros pasos para una comunicación interpersonal franca y sincera a través de los gestos. A pesar del paso de los siglos, en el contexto de la cultura occidental su significado sigue siendo el mismo: un lenguaje corporal que nos acerca y nos conecta.

Finalmente, pensemos en nosotros mismos y en el mundo que nos rodea. ¿Nos hemos preguntado alguna vez qué comunica nuestro saludo?  Si nos interesa conectarnos con los demás debemos tomar la iniciativa y expresar no sólo con nuestras palabras el auténtico interés por nuestros semejantes.

REFERENCIAS:

[1] Evangelio según San Lucas 1:7, La Biblia

[2] Evangelio según San Lucas 1:24-26,36, La Biblia

[3] Evangelio según San Lucas 1:36, La Biblia

[4] Evangelio según San Lucas 1:35, La Biblia

© Pablo R. Bedrossian, 2017. Todos los derechos reservados, a excepción de las fotografías.

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LA COLONIA OBRERA (por Pablo R. Bedrossian)

SERIE “PASAJES Y CALLES CURIOSAS DE BUENOS AIRES”

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Vista de la entrada a la Colonia Obrera desde la calle Traful al 3600

Muy cerca del Hospital Aeronáutico, y dentro del barrio de Nueva Pompeya (o simplemente Pompeya) se encuentra la Colonia Obrera. Ocupa íntegramente la manzana delimitada por las calles Traful, Cachi, Alfredo Gramajo Gutiérrez y Albert Einstein. Es un complejo de casas de habitación comunicadas entre sí y con el exterior a través de una curiosa red de pasajes peatonales. A pesar que su estado de conservación dista mucho de ser el ideal, es una perla oculta de Buenos Aires. 

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Vista de la entrada a la Colonia Obrera desde la calle Alfredo Gutiérrez Gramajo al 3600

La Colonia Obrera es una suerte de minibarrio formado por una sola manzana. Paradójicamente, sus pasajes no tienen nombre pero las casas sí tienen numeración.

Las viviendas son bajas (pocas tienen dos plantas) y sólo hay algunas torrecitas con techos a cuatro aguas. Para entender el diseño, hay que comenzar por su plaza central de forma cuadrada, donde se destaca la vieja torre con su reloj y campanario.

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Otra de las entradas a la torre del campanario

En realidad, son cuatro relojes, uno en cada cara de la torre, de los cuales ninguno funciona.

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En la foto se pueden observar dos de los cuatro relojes

Debajo de los relojes hay un amplio mirador. El diseño del herraje de su balcón parece una serie de corazones invertidos. El campanario está oculto por las sombras detrás del arco. Cuando uno contempla el deterioro general del sitio, la falta de mantenimiento y la miríada de cables que lo surcan, aunque percibe el misterioso encanto de la decadencia, espera que algún día recupere la gloria perdida. La Colonia Obrera, y en particular su torre, son dignas de una profunda restauración.

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Detrás de la torre, mirando hacia la calle Alfredo Gramajo Gutiérrez encontramos un altar dedicado a la Virgen María, cuya imagen se ha instalado en una especie de gruta.

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Al llegar a la plazoleta, el pasaje de ingreso, que comunica la calle Traful con la calle Alfredo Gramajo Gutiérrez, se divide en dos, uno norte y uno sur, rodeando la torre, para luego volver a unificarse. A pocos metros (y en ambas direcciones) se abren otros pasajes que, en realidad, conforman uno solo, de perímetro cuadrado, que es la vía de acceso al interior de la Colonia Obrera. Para su mejor comprensión, presentamos un croquis.

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Recorrer este circuito es una interesante experiencia. Comenzamos por el pasaje que conduce a la sección este.

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Las casas del lado este, de numeración impar, son las que más demuestran el paso del tiempo. Muchas han levantado muros que ocultan sus fachadas.

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Las casas del lado oeste, de numeración par, se ven mejor cuidadas, están pintadas con colores pasteles, y la mayoría simplemente tiene verjas de hierro delante de sus frentes.

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El piso de los pasajes es de baldosas; en algunos tramos se encuentra muy dañado. Se encuentra interrumpido por algunos árboles y postes metálicos de alumbrado público. Además, por encima hay un abundante cablerío.

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La superficie del terreno es 10,348 m2 y la superficie construida de 4,000 m2. En 1997 fue incluido dentro de las APH (Área de Protección Histórica de la Ciudad de Buenos Aires).

SU HISTORIA

Rolando Schere en su libro “Pasajes” cuenta el origen: proviene de la subdivisión de un lote de tres hectáreas; una de las parcelas resultantes fue cedida a la Sociedad San Vicente de Paul, una entidad de beneficencia de laicos católicos, por una ordenanza del 28 de septiembre de 1909, a fin de construir viviendas para trabajadores[1].  El arquitecto Schere, agrega este microbarrio fue levantado entre 1912 y 1926.

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En una nota el Diario Clarín, Eduardo Parise, Clarín explica que su verdadero nombre es Colonia Obrera de Nueva Pompeya / Pequeño Barrio San Vicente de Paul. Agrega además que “fue inaugurado el 17 de octubre de 1912 con la presencia del presidente Roque Sáenz Peña y el intendente Joaquín de Anchorena. El complejo, diseñado por el arquitecto Vicente Frigerio Alvarez, tiene 46 casas de un ambiente, 96 de dos y solo tres de tres”[2]. María Pagano, en su artículo en La Nación dice que las viviendas son 92[3].

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Parise añade un interesante detalle: “Además, estaba determinado que todas las viviendas tendrían sus frentes de un mismo color: ‘verde imperio’ o ‘verde inglés’, según la marca de pintura que se usara. Y si se colocaba algún toldo, debía ser siempre anaranjado”[4]. Hoy no queda el menor resabio de esa norma.

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Como las damas vicentinas son las propietarias, todos los habitantes son inquilinos que les pagan una módica cuota o alquiler mensual.

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CURIOSIDADES

María Pagano menciona en su artículo en La Nación que allí se han filmado publicidades y películas y menciona que legendaria diva argentina Isabel Sarli grabó una escena que en la gruta de Virgen. Esto resulta paradójico porque durante muchos años la Administración de la Colonia Obrera impuso un estricto reglamento de conducta que se colgaba en la entrada de las viviendas. Incluso las damas vicentinas tenían autoridad para entrar en las casas para verificar su cumplimiento. No es difícil imaginar que en esa singular comunidad de inmigrantes españoles e italianos existían las excepciones.

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Una señora me contó lo sucedido en una de las casas del lado este. Había una joven y bella vecina que repentinamente quedó viuda. No tenía hijos y vivía sola. Un día llegó un caballero muy bien vestido, portando un paquete. Golpeó a la puerta y doña Julieta -así se llamaba la mujer- lo hizo entrar. Una media hora después el hombre se retiró con una amplia sonrisa, algo que no pasó inadvertido para señoras de la Colonia. Una semana después llegó otro hombre con gran bolso a la puerta de la viuda, quien lo recibió del mismo modo. Un rato después el hombre se marchó tranquilamente. Las visitas comenzaron a ser la comidilla de los inquilinos, siempre atentos a las “novedades” sociales de la cuadra.

028-dsc06427Unos días después ingresó a la casa de doña Julieta un varón de buen aspecto con una caja envuelta en papel madera y pocos días después otro con un enorme maletín. Un grupo de vecinas, aduciendo que no querían ser consideradas cómplices por su silencio, envió una nota a la Junta de la organización católica propietaria. Allí insinuaban que la viuda podría estar ejerciendo la profesión más antigua del mundo, una suprema vergüenza para la comunidad. La Administración decidió montar una discreta guardia sobre la casa. A la llegada de un joven con una gruesa bolsa, una directiva vicentina se apersonó al domicilio de doña Julieta. Llamó a la puerta y ella le abrió de inmediato. La visitante indicó que iba a revisar el lugar. Encontró al joven sentado en la mesa con un conejo entre sus manos. Miró alrededor y encontró jaulas con diversos animalitos que iban desde un gato a un par de ardillas.

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La viuda explicó que ante su soledad decidió buscar mascotas que le hicieran compañía. Como el reglamento era estricto en cuanto a la prohibición de tener animales, le pedía a sus proveedores que ocultaran la fauna del resto del vecindario, porque prefería correr el riesgo a ser descubierta que sentirse sola. La inspectora se sintió conmovida pues ella también era viuda y sin hijos, así que hizo un acuerdo con doña Julieta. No la iba a denunciar ni sancionar si retiraba todos las mascotas, pudiendo conservar solamente los canarios, los únicos admitidos en el reglamento. La joven mujer aceptó; con dolor puso todas las mascotas en una valija , y el joven, involuntario testigo de la escena, en ese mismo momento se las llevó. Doña Julieta, impulsada por la soledad, buscó pareja y la encontró en un polaco que vivía cerca. Se casaron y tuvieron hijos. La señora que me relató la historia resultó ser la nieta de ese matrimonio que se formó gracias o a pesar del reglamento.

REFERENCIAS:

[1] Schere, Rolando H.,  “Pasajes”, Ediciones Colihue, Colección del Arco Iris, Buenos Aires, Argentina, 1998, p.134

[2] Parise, Eduardo, “Marca obrera en Nueva Pompeya”, Diario Clarín, Buenos Aires, Argentina, 30/05/2011, http://www.clarin.com/ciudades/Marca-obrera-Nueva-Pompeya_0_BkGbFnW6PXx.html

[3] Pagano, María, “Un barrio de sólo una manzana en el corazón de Nueva Pompeya”, Diario La Nación, Buenos Aires, Argentina, 19/02/2015, http://www.lanacion.com.ar/1769525-un-barrio-de-solo-una-manzana-en-el-corazon-de-nueva-pompeya

[4] Parise, Eduardo, artículo citado

FOTOGRAFÍAS:

Todas las fotos fueron tomadas por el autor y a él le pertenecen todos los derechos.

© Pablo R. Bedrossian, 2017. Todos los derechos reservados.

 

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CÓMO VISITAR LAS RUINAS MAYAS DE COPÁN (por Pablo R. Bedrossian)

En el extremo occidental de Honduras, a muy pocos kilómetros de la frontera con Guatemala, se encuentran las maravillosas ruinas mayas de Copán, declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1980. A pesar del paso de los siglos, y gracias al abnegado trabajo de numerosos expertos, han recuperado buena parte de su esplendor. Visitarlas es una experiencia extraordinaria pues contienen las esculturas más importantes del mundo maya.

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Iglesia Católica frente al Parque Central de Copán Ruinas

El punto de partida para la visita es uno de los pueblos de arquitectura colonial más bonitos de Honduras, llamado Copán Ruinas. Se llega hasta él desde San Pedro Sula, tomando la carretera a Occidente. Tras recorrer unos 100 km, al llegar a La Entrada, un centro urbano de gran actividad comercial, se gira a la derecha. Luego de unos pocos kilómetros la ruta comienza a ascender entre hermosos cerros cubiertos de vegetación. Desde La Entrada hay unos 80 km hasta Copán Ruinas, que está ubicada a unos 1000 m sobre el nivel del mar. También se puede llegar desde Guatemala, cruzando por El Florido, la frontera que separa ambos países, ubicada a sólo 10 km del pueblo.

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Típica callecita empedrada del pueblo

Copán Ruinas cuenta con un pequeño museo frente al Parque Central que se puede visitar utilizando la misma entrada del acceso a las ruinas, además de pintorescos cafés y restaurantes, y su famosa Calle de los Artesanos, un mercadillo al aire libre de una cuadra, muy visitado los turistas.

UNA BREVE INTRODUCCIÓN AL MUNDO MAYA DE COPÁN

Cuando los españoles llegaron a América encontraron despobladas las grandes ciudades de los mayas. Sus descendientes vivían dispersos en pequeñas poblaciones rurales, en el sur del actual México -desde Yucatán hasta Chiapas-, Belice, Guatemala y el occidente de Honduras. La razón del abandono de las ciudades sigue siendo un misterio. Al formular conjeturas acerca del colapso maya, algunos hablan de epidemias, otros de una gran hambruna, y hay quienes postulan teorías políticas y religiosas.

La historia de la civilización maya se divide en tres periodos: preclásico (del 1,500 a.C. al 250 d.C.), clásico (del 250 d.C. al 900 d.C.) y posclásico (luego del 900 d.C.). El periodo clásico marcó su apogeo; se desarrollaron ciudades-estado y se adquirieron conocimientos astronómicos que permitieron predecir las estaciones y establecer los periodos de siembra y de cosecha. El periodo posclásico se inicia con el repentino abandono de las ciudades.

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Estructura 16, la pirámide bajo la cual está enterrado el templo Rosalila. Delante, vista parcial de la Plaza Occidental de la Acrópolis de Copán

Si bien se cree que Copán fue habitada desde el año 1400 a.C., adquiere su esplendor a partir de K’inich Yax K’uk’ Mo’, fundador de la dinastía real, que gobernó desde el 426 al 437 d.C.. Este personaje clave en la historia de esta ciudad-estado curiosamente es representado con aros alrededor de los ojos, como si fueran nuestros modernos anteojos. Estudios genéticos sugieren que era originario de Caracol, Belice, y se cree que recibió su poder de las autoridades que gobernaban entonces desde Teotihuacán, México. Basados en la interpretación de los glifos y las imágenes en bajorrelieve del Altar Q, un enorme bloque rectangular de piedra labrada, la dinastía tuvo 16 reyes que gobernaron del 426 hasta probablemente el 810 d.C., cuando Copán fue abandonada.

Hay tres ejes a través de los cuales giraban las sociedades mayas: el poder militar (los gobernantes eran representados como guerreros), una religiosidad alimentada por un sistema de creencias en fuerzas sobrenaturales y un más allá, y la agricultura, cuya base era el maíz.  Los mayas conocían el cero, medían el tiempo, tenían un sistema de escritura y el poder político y religioso estaba en manos de una élite gobernante.

1. LLEGANDO AL PARQUE ARQUEOLÓGICO

A 1,5 km del Copán Ruinas está el Parque Arqueológico Ruinas de Copán. Desde el pueblo se puede caminando o en mototaxi.

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Las mototaxis, también conocidas como tuk tuk, son el transporte más común y económico

Se debe comprar la entrada en las oficinas; uno puede adquirir la entrada al Parque Arqueológico, y, pagando un monto adicional, comprar la entrada para visitar los túneles y/o el Museo, que es digno de admirarse. También se puede contratar servicio de guía para individuos o grupos. En la recepción hay una maqueta de gran tamaño que muestra los lugares a visitar.

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Maqueta del Parque Arqueológico frente a la ventanilla donde se compran las entradas

2. EL CAMINO HASTA EL CONTROL DE ACCESO

Desde las oficinas hay que caminar unos 200 metros hasta el control de acceso. En el trayecto uno puede encontrar un amplio número de aves. Las más notables son las espectaculares guacamayas rojas (Ara macao) y las oropéndolas de Montezuma o Moctezuma (Psarocolius montezuma). También pueden observarse con facilidad unos pequeños mamíferos, conocidos popularmente como guatuzas (Dasyprocta punctata).

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Ara macao, la popular guacamaya roja

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Psarocolius montenzuma, más conocida como oropéndola de Montezuma

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Dasyprocta punctata, cuyo nombre popular es guatuza

3. ESTRUCTURA 4: UNA PIRÁMIDE ESCALONADA

Una vez cruzado el control de acceso y avanzando en línea recta, observamos una pirámide escalonada de cuatro niveles, denominada Estructura 4. Por su reducida altura puede ascenderse con facilidad, y aprovechar que ocupa el centro de la Gran Plaza para utilizarla como excelente mirador. Fue levantada alrededor del año 770 d.C. por el 16º gobernante de Copán, Yax Pasaj Chan Yopaat. Enterradas debajo de ella se encuentran estructuras erigidas por 18 Conejo (Gobernante 13), Humo Jaguar (Gobernante 12) y Petate en la Cabeza (Gobernante 2)[1].

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Estructura 4

4. LA PLAZA DE LAS ESTELAS

A la izquierda de la Estructura 4, en la zona conocida como Plaza del Sol, se ubican las más bellas producciones de Copán, las esculturas conocidas como estelas.

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Vista parcial del sector de la Plaza del Sol o Mayor, llamada Plaza de las Estelas

La palabra latina stela, que proviene del griego stéle, describe una piedra colocada verticalmente en el suelo que contiene inscripciones. Aunque originalmente se sugirió que quizás representaban deidades, hoy se sabe que los magníficos monolitos de Copán representan a gobernantes de la dinastía del periodo clásico. Las estelas se acompañan de glifos, un tipo de escritura grabada hecha a base de imágenes, que no representan sonidos sino ideas[2]. Gracias al trabajo de diversos investigadores se ha podido descifrar buena parte de la escritura maya, y en las estelas se pueden identificar nombres, fechas y detalles.

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Vista de la cabeza con tocado real de la Estela H, correspondiente al Gobernante 13, Waxaklajun Ub’aah K’awiil, más conocido como 18 Conejo, del año 730 d.C.

En cuanto a su fabricación, la toba volcánica de la zona, un tipo de roca porosa y maleable, facilitó el trabajo de los escultores copanecos. Para instalarlas, esculpían debajo una espiga lisa de la mitad del tamaño del volumen tallado, que hundían en el suelo; al mismo tiempo apoyaban el resto de la pieza sobre un soporte en la superficie garantizando su plena estabilidad[3]. Una vez terminadas las esculturas se las pintaba de rojo. Además, si se observa alrededor de la Plaza del Sol se verá que está flanqueada por graderías.

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Tres altares y una estela

5. LA ESTELA A

Aproximémonos a la estela más cercana, identificada como Estela A.

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Estela A, año 731 d.C.

Es la más famosa del Parque Arqueológico por la excelente conservación de su cabeza. La original ha sido protegida bajo techo en el museo del parque; la que observamos es una réplica fiel. El gobernante representado en alto relieve es el Gobernante 13, Waxaklajun Ub’aah K’awiil (695-738 d.C.), más conocido como 18 Conejo, y en sus glifos puede leerse su fecha en el sistema maya, correspondiente al año 731 d.C..

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Estela A, detalle de la cabeza

Su rostro trasmite serenidad. Por encima de cabeza luce diferentes elementos que forman una suerte de tocado, entre los que se destaca el petate, un tejido de fibras vegetales que se entrecruzan formando ángulos rectos. Tiene las manos pequeñas y refinados detalles de la vestimenta a la altura de la cintura.

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Estela A, detalle de la vestimenta a la altura de la cintura

 6. LA ESTELA 4

Muy cerca de la Estela A se encuentra la Estela 4, que también representa al Gobernante 13, No nos sorprende que corresponda al mismo individuo debido a que mayor parte de las estelas de la Gran Plaza, el sector conocido como Plaza de Sol lo representan.

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Estela 4, año 726 d.C.

El final de 18 Conejo fue trágico. Fue capturado por K’ak’ Tiliw Chan Yopaat, gobernante de Quiriguá, reino vasallo de Copán, ubicado cerca del Lago Izabal de Guatemala. Este gobernante hizo decapitar al anciano rey copaneco en un acto público, logrando la independencia de Quiriguá.

 7. OTRAS ESTELAS

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Estela B, 731 d.C.

Hay que detenerse en cada una de las estelas de la Plaza del Sol para admirar la máxima expresión de la escultura maya en alto relieve. Tanto la Estela B, del año 731 d.C., la Estela C del año 730 d.C. (que conserva restos de su pintura rojiza), la Estela D, del año 736 d.C., la Estela F del año 721 d.C., y la Estela H, del año 730 d.C. representan también a Waxaklajun Ub’aah K’awiil, 18 Conejo. Si bien su estado de conservación varía y se intenta preservarlas de las inclemencias del tiempo con pequeños techos, se advierte la mano maestra de los escultores copanecos y sirven para develar la historia a través de sus glifos.

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Estela C, año 730 d.C.; obsérvese la barba

Aunque luego se han hallado más variantes, a principios del siglo XX un investigador dividió en tres grupos las estelas: las que tienen inscripciones jeroglíficas en los cuatro lados (ninguna de las mencionadas), las que tienen inscripciones en tres lados y una figura en el cuarto, y las que tienen inscripciones en dos lados opuestos, con representaciones figurativas en los otros dos[4]. La Estela C es la única que tiene imágenes en dos de sus caras de 18 Conejo, en una como joven (al lado este) y otro como viejo (lado oeste), viendo la salida y la puesta del sol.

Se cree que a través de estas estelas el Gobernante 13 estaba ligándose con sus ancestros. Se sabe que había ritos de sangre que se realizaban bajo trance, vinculados con este culto a los antepasados, pero no debemos descartar la intencionalidad política de exhibir a través de estos monumentos su gloria y poderío.

8. ALTARES

Delante de las estelas suele haber altares de piedra. Veamos algunos que se destacan.

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Estela F, del año 721 d.C., con su altar adelante

  • El Altar de la Estela D: El witz, un saurio mitológico

Este enorme altar triangular representa el witz, un saurio mitológico. Se representa en esta piedra con dos cabezas, en referencia al ciclo de la vida y de la muerte, tan importante en el mundo maya: la cabeza del lado norte es la viviente y la del lado sur es la muerta.

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El witz, saurio mitológico maya, delante de la Estela D

  • El Altar de la Estela C: la tortuga

Este altar representa una tortuga de dos cabezas. Los mayas creían que la tierra era el caparazón de una tortuga gigante, nadando en el océano cósmico. “Los hijos míticos del dios del Maíz (Yax B‘ahlam y Ju‘n Ajaw) abrieron el cascarón de la tortuga, permitiendo así escapar del inframundo al dios del Maíz. Este mito es la metáfora primaria para la salida del maíz cada año en la milpa[5].

  • El Altar G1: La serpiente emplumada

Este altar junto a otros dos (denominados G2 y G3) representa serpientes emplumadas de visión. En la mitología maya sirven de vasos comunicantes entre la tierra y el mundo sobrenatural, entre el rey y su fuente de poder, proveniente de sus dioses y sus antepasados. En el Altar G1, dedicado en el año 800 d.C, se observan dos cabezas de la serpiente emplumada, una encarnada (lado este) y otra descarnada (lado oeste). Se cree que tiene un significado astronómico, representando al planeta Venus viajando a través de su elipse[6].

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Altar G1, del año 800 d.C.

9. EL CAMPO DE PELOTA

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Tenemos que volver sobre nuestros pasos y cruzar por detrás la Estructura 4, aquella a la que ascendimos tras pasar el punto de acceso.

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Vista de la Estructura 4 desde el Altar G1

En el camino pueden verse algunas estelas y monumentos, pero nos interesa centrarnos en dos edificios paralelos utilizados para el juego de pelota. Ambos poseen explanadas en declive, una frente a la otra, que caen en un patio central cubierto por gramilla.

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Vista del Campo de Pelota viniendo desde la Plaza de las Estelas; cubierta por un toldo se ve detrás a la izquierda la Escalinata de los Jeroglíficos y más atrás, en el centro, la Estructura 11

Se cree que las llamativas cabezas de guacamayas empotradas en lo alto de los muros de los edificios contrapuestos servían para anotar los tantos. El campo de pelota de Copán es uno de los dos mejores conservados en el mundo[7].

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Una de las cabezas de guacamaya que ornamentan el Campo de Pelota

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Vista superior de uno de los edificios del Campo de Pelota con visión frontal de una cabeza de guacamaya

Poco se sabe de las reglas del juego; sólo se sabe que se utilizaba una pelota de hule que debía ser impulsada solamente con los codos, la cadera o los muslos, que se hacía rebotar en las rampas. También se ignora si la víctima del sacrificio que se realizaba al finalizar el partido era el capitán del equipo ganador o del perdedor, debido a que el juego tenía un alto valor ceremonial religioso.

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Campo de Pelota: Vista de uno de los edificios desde el edificio opuesto

El juego de pelota está mencionado en el Popol Vuh, un libro de alto valor espiritual para los mayas k’iche’, y su campo de juego tiene representaciones míticas: las pendientes de los edificios son alusiones al cielo (las montañas y volcanes sagrados), el patio central de césped a Xibalba o inframundo (los barrancos y cuevas), y a la tierra (donde habita el hombre)[8]. El diseño del campo de pelota une todos los elementos sagrados de los mayas en un único elemento arquitectónico.

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El mismo edificio del Campo de Pelota, visto desde otro ángulo

10. ESCALINATA DE LOS JEROGLÍFICOS

La Estructura 26 es famosa por su magnífica escalinata cubierta de glifos. Esta pirámide cubierta por un enorme techo de lona para preservar las inscripciones cuenta con 64 escalones. En ellos hay inscritos asuntos y rituales bélicos. Se ha traducido más del 70% del texto, que informa sobre los éxitos de los gobernantes 7 al 15 de la dinastía que rigió el destino de Copán durante el periodo clásico. Aunque se nombra al fundador K’inich Yax K’uk’ Mo’, la escalinata concede un importantísimo lugar a K’ahk’ Uti’ Ha’ K’awiil, el Gobernante 12, quien gobernó desde el 628 d.C. al 695 d.C., cuya tumba se encuentra dentro de la pirámide[9].

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Escalinata de los Jeroglíficos, vista frontal, tomada desde su base

Se cree que la escalinata se construyó en dos etapas: la primera, por parte del Gobernante 13, nuestro ya conocido Waxaklajun Ub’aah K’awiil, 18 Conejo, como una ofrenda al Gobernante 12, cubriendo la estructura anterior que servía de tumba y templo ancestral. Pero, como también aparece inscrito el conflicto con Quiriguá, donde fue decapitado el Gobernante 13, se cree que hubo una segunda etapa donde K’ahk’ Yipyaj Chan K’awiil, el Gobernante 15 (quien manejó Copán de 749 d.C. a 763 d.C.), tras el corto reinado del Gobernante 14, completó la obra. La última fecha de dedicación de la pirámide que aparece es el 8 de mayo del año 755 d.C.[10].

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Glifos en las gradas; se observa el deterioro de los grabados sobre la piedra debido al paso del tiempo y las inclemencias de la naturaleza

11. ESTELA N

Delante de la Escalinata de los Jeroglficos se encuentra la Estela N, donde aparece representado K’ahk’ Yipyaj Chan K’awiil. Fue levantada en 761 d.C.

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Estela N, del año 761 d.C.

Está dentro del área protegida por el techo de lona y enfrente suyo hay bancas hechas con troncos de madera. No se ha dilucidado el contenido de su escritura pero hace referencias a eventos rituales en el futuro[11]. Acompañando a la estela, se encuentra el respectivo altar.

12. ACRÓPOLIS

033-dsc05111Si miramos de frente a la Escalinata de los Jeroglíficos, a nuestra derecha comienza lo que se conoce como la Acrópolis de Copán, un conjunto de majestuosos edificios piramidales que encierran dos plazas, conocidas como Plaza Occidental y Plaza Oriental. Para entrar debemos dirigirnos en dirección opuesta a la escalinata hasta el otro lado de terreno, teniendo a nuestra izquierda la Estructura 11.

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Vista parcial de la Estructura 11. Los árboles han crecido entre las piedras.

Al llegar encontraremos un enorme árbol de guanacaste (Enterolobium cyclocarpum), que algunos confunden con una ceiba.

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En el centro, el altísimo guanacaste; detrás del árbol se ve el Campo de Pelota y a la derecha la Escalinata de los Jeroglíficos. Delante se ve la entrada al camino que vamos a recorrer

Subiendo unos escalones de tierra, yendo hacia a la izquierda hay una escalera para ascender a la Estructura 11, pero recomendamos no desviarse y continuar avanzando en línea recta. A nuestra izquierda aparecerá la Plaza Occidental.

13. LA PLAZA OCCIDENTAL Y EL ALTAR Q

Al ingresar a la Plaza Occidental encontramos la otra cara de la Estructura 11.

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Vista sur de la Estructura 11

En ella encontramos un interesante altorrelieve de Ik, el dios maya de la lluvia.

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Ik, el dios maya de la lluvia, alto relieve con glifos debajo. Obsérvese la posición de las piernas.

También encontramos la Estela P, dedicada en el año 623 d.C., que representa a K’ak’ Chan Yopaat, Humo Serpiente, el Gobernante 11. Aunque fue colocada allí, se sabe que es su emplazamiento original.

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Estela P, vista parcial

Pero lo más relevante se encuentra al fondo de la Plaza Occidental. Nos referimos al Altar Q, dedicado en el año 776 d.C.. Esta piedra tallada que mide 1,85 metros de cada lado y 1,22 metros de alto es probablemente el monumento copaneco de mayor valor informativo. A lo largo de sus cuatro lados muestra la secuencia de los dieciséis gobernantes de la dinastía que condujo al pueblo durante el periodo clásico, y en su cara superior testimonia hechos históricos protagonizados por ellos. La que vemos es una réplica fiel. La original se puede admirar en el museo del Parque.

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Vista de una de las caras del Altar Q

Es muy interesante ver la sucesión dinástica y la resolución artística: en una de las caras -donde empieza y a la vez termina la serie de reyes- el primer gobernante, K’inich Yax K’uk’ Mo’ le entrega una antorcha encendida a Yax Pasaj Chan Yopaat, quien ostentó el poder del año 763 d.C. al 810 d.C.. El natural corolario es que el Altar Q tiene como finalidad legitimar el origen real de quien terminaría siendo el último monarca de Copán.

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Vista del Altar Q donde el primer gobernante, K’inich Yax K’uk’ Mo’ entrega una antorcha encendida a Yax Pasaj Chan Yopaat, Gobernante 16

El resto de los gobernantes aparece sentado, con una antorcha apagada en la mano; debajo de cada uno está el glifo que lo nombra. El pase de las antorchas y el fuego de unos a otros era símbolo de la transferencia de poder[12].

Las inscripciones jeroglíficas de la cara superior cuentan la historia del primer gobernante de Copán. Allí se menciona la fecha de la ceremonia donde fue investido de poder, probablemente realizada en Teotihuacán, México el 6 de septiembre de 426 d.C.. También se cuenta que tres días después se elevó su rango, adquiriendo el nombre real de K’inich Yax K’uk’ Mo’. Cinco meses después llegó a Uxwitik, el antiguo nombre de Copán, para establecer un nuevo régimen político y social. También contienen la fecha del altar, dedicado 340 años más tarde, por Yax Pasaj Chan Yopaat.

14. LA ESTRUCTURA 16

Detrás del Altar Q se erige imponente la construcción más alta de Copán, conocida como Estructura 16, o más correctamente, Estructura 10L-16. Está ubicada entre la Plaza Oriental y la Plaza Occidental en el corazón de la Acrópolis. A lo largo de nuestras visitas hemos visto el resultado del arduo trabajo de los arqueólogos para devolver a este edificio la gloria perdida. Fue la última pirámide levantada por los indígenas copanecos, y se asienta sobre construcciones anteriores.

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Estuctura 16 vista desde la Plaza o Patio Occidental. Debajo de esta pirámide se encuentra el templo Rosalila

Era costumbre entre los mayas construir en capas. En Copán se demolían parcialmente los viejos edificios, se los rellenaba de desechos y escombros y, sobre ellos, se levantaban nuevas construcciones. Pero en la Estructura 16 se presenta una importante excepción. Debajo de ella se encontró casi intacto el templo Rosalila. Los albañiles mayas lo cubrieron primero con una gruesa capa de estuco blanco y luego con barro, antes de proceder a la construcción de la última pirámide. Algunas breves secciones de este santuario enterrado se pueden observar visitando los túneles. Si no, una magnífica réplica a tamaño real ocupa el centro del Museo de Escultura de Copán que está muy cerca de la entrada[13].

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Vista de un mascarón en el templo Rosalila que se observa durante la visita a los túneles

A su vez, Rosalila fue erigido sobre otras tres sucesivas construcciones, denominadas Margarita, Yehmal y, debajo de las otras, Hunal, que corresponde al tiempo de K’inich Yax K’uk’ Mo’, el fundador de la dinastía. Allí se ha descubierto una tumba conteniendo los restos del primer gobernante y la de una mujer que se presume que era su esposa.

15. EL CEMENTERIO

Ascendiendo y dejando atrás la Estructura 16 por el lado sur contemplamos la zona denominada El Cementerio, que fue el sitio de la residencia del rey. Si bien tiene algunos detalles interesantes, es suficiente observar los restos de la zona desde lo alto, para luego continuar hasta una escalera que nos lleva a nuestro siguiente hito de la visita.

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Vista panorámica del área conocida como El Cementerio, que no se debe confundir con el vecino complejo llamado Las sepulturas

  1. ESTRUCTURA 18 Y PLAZA ORIENTAL DE LA ACRÓPOLIS

Tras ascender la escalera observamos la entrada a la tumba que se cree que perteneció al último gobernante de Copán, Yax Pasaj Chan Yopaat, muerto en el año 810 d.C. Está ubicada en el lado sudeste de la Acrópolis, en la Estructura 18.

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Identificación de la tumba de Yax Pasaj Chan Yopaat. A la izquierda se observa el camino por el cual veníamos, en la zona llamada El Cementerio.

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Ingreso a la tumba de Yax Pasaj Chan Yopaat. No está abierta al público.

Las Estructuras 18 y los Templos 20 y 21, muy cercanas entre sí, fueron seriamente dañadas por la erosión fluvial y el curso del río Copán. Aunque su cauce ya fue desviado, las secciones más importantes de estos edificios se han perdido para siempre.

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Vista del camino que estamos recorriendo. A la izquierda se ve algo de la Estructura 18. A la derecha el valle y al fondo las montañas

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Avanzamos en nuestro camino pasando la Estructura 18. Giramos hacia atrás y miramos a nuestra derecha donde se ve el corte abrupto de la construcción debido al daño producido por el río. Si el río no hubiera sido desviado, las bases se hubieran socavado y las estructuras derrumbado.

Recorra el camino a lo largo del remanente de estas estructuras. Primero observe a su derecha: verá el valle, quizás pueda divisar algo del río; más allá se ven las verdes montañas.

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Vista del valle y las montañas, tomadas desde una zona más alta. En el ángulo inferior derecho se ve algo del camino que venimos recorriendo.

Luego gire, camine y bordee la Plaza Oriental. Observe lo que parece una suerte de anfiteatro.

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Vista de la Plaza o Patio Oriental; a la izquierda, aunque no se ve, está la Estructura 16 y detrás nuestro, la Estructura 18, desde la cual venimos avanzando.

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Descendemos por las gradas para observar más de cerca a Plaza Oriental. Enfrente, el templo asentado sobre la Estructura 22. Note el árbol que ha crecido sobre la la piedra.

Tome asiento y descanse. Imagine por un momento allí las grandes celebraciones donde los gobernantes entraban ataviados con sus coloridos atuendos reales, con plumas, pieles, jades y conchas marinas. Imagine las ceremonias y siéntase parte del pueblo, oyendo las invocaciones rituales, los gestos dramáticos, los gritos y las danzas. Tiene en ese lugar la oportunidad de vivir una experiencia única: ser transportado en el tiempo.

17. ESTRUCTURA 22 Y VISTA NORTE DE LA ACRÓPOLIS 

Mirando hacia el lado norte, tenemos frente a nosotros lo que queda de la Estructura 22. que probablemente haya sido la Casa del Consejo de la ciudad, donde los gobernantes y nobles se reunían sentados sobre petates (alfombras de junco tejidas).[14]. Fue levantada en el año 715 d.C. por el Gobernante 13, Waxaklajun Ub’aah K’awiil, 18 Conejo, con su bello pórtico abierto que se ha llamado proscenio ornamental[15]

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Vista de la Estructura 22 desde el lado este de la Plaza Oriental

Este proscenio ornamental es considerado una joya de la arquitectura y escultura maya, debido a sus imágenes esculpidas.

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Portal de la Estructura 22, arriba en el centro, donde se ven los visitantes, ricamente decorado.

Continuando el camino sobre la antigua piedra de las estructuras, sin bajar al terreno, llegamos al fin a la Estructura 22, en el lado norte de la Plaza Oriental. Observe primero el lado este, por donde venía caminando, y el paisaje detrás.

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Vista del lado este de la Plaza Oriental, por donde veníamos caminando. Detrás, la frondosa vegetación que cubre esa parte del valle.

Luego gire y contemple el lado oeste de la Plaza Oriental. Delante a la izquierda tendrá la Estructura 16 junto al ingreso a los túneles para observar el templo Rosalila. Enfrente verá unas gradas y una serie de estructuras.

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Vista del lado oeste del Patio Oriental. Al fondo, la Estructura 16, debajo de la cual se encuentra el templo Rosalila. Delante está el ingreso a los túneles. La foto fue tomada cuando la Estructura 18 estaba siendo restaurada.

18. EL JAGUAR DANZANTE

Aproveche para ver a la derecha, adornando la Estructura 25, una de las más divertidas obras de la escultura maya, el Jaguar Danzante.

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El Jaguar Danzante. Observe la expresión y la talla de los dientes, así como el esculpido de las manos.

19. VISTAS PANORÁMICAS DE LA GRAN PLAZA Y CABEZA DE ANCIANO

Del otro lado de la Estructura 22 hay excelentes miradores. Allí podemos observar la Estructura 26 (la Pirámide de los Jeroglíficos) y acceder a excelentes vistas panorámicas del Campo de Pelota y del resto de la Plaza del Sol.

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Una de las vistas panorámicas desde la Acrópolis, en este caso de uno de los edificios del Campo de Pelota.

Allí también sobre la plataforma puede ver de cerca un bacab, una cabeza de anciano.

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Cabeza colosal de un bacab (réplica; la original se encuentra en el museo)

Si va a visitar los túneles, es momento de descender hasta su acceso. Si no, giramos ara ver por última vez la Plaza Oriental y comenzamos el descenso. Mientras baja las gradas, observe los altos árboles que han crecido sobre la piedra.

20. REGRESO

Una vez en el terreno, caminamos unos metros en dirección oeste y hallaremos un ancho camino que nos devuelve al punto de acceso.

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Camino de regreso hacia la entrada

Si lo es observador de aves, allí mismo hay un pequeño bosque que ofrece la oportunidad de observar algunas de las abundantes especies de la zona.

Una vez que cruce el punto de acceso le recomendamos visitar el magnífico Museo de Escultura de Copán que está a la salida, en cuyo centro posee una réplica del templo Rosalila a tamaño real.

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Réplica del templo Rosalila a tamaño real, con sus colores originales, que ocupa el centro del Museo de Escultura de Copán. El museo dentro del Parque Arqueológico y vale la pena visitarlo.

Puede regresar al pueblo caminando, aunque si completó este recorrido seguramente referirá la mototaxi. Disfrute Copán Ruinas. No se arrepentirá de visitar uno de los lugares más interesantes de Centroamérica.

VIDEO:

TIPS:

Guías: Los guías se contratan en una oficina abierta que está frente al parqueo. El costo de los guías está regulado por el Instituto Hondureño de Turismo, y no son negociables. Los precios varían según el tamaño del grupo. Cada vez que hemos contratado guías para nuestras visitas han sido muy profesionales, brindando información útil y completa.

http://www.asociacionguiascopan.com/

Precios: Los precios para extranjeros son significativamente más altos que para los locales. Mientras la entrada básica para los hondureños incluye Parque Arqueológico y Museo, los extranjeros deben pagar ambas entradas por separado.

Túneles: Hay dos túneles para recorrer. Lo más interesante para observar son unos mascarones del Templo Rosalila. En nuestra opinión no es imprescindible visitarlos.

Agua: Lleve una botella de agua para el recorrido. Nunca beba agua del grifo. Sólo consuma agua en botella o bote plástico. Las marcas más reconocidas son Agua Azul, Arroyo, Dasani y Pingüino.

Baños: Hay amplios baños en la zona de las oficinas y luego otros, más pequeños y menos higiénicos pero utilizables, justo antes de cruzar el control de acceso.

Tienda de recuerdos: A la salida del museo, cerca del parqueo y las oficinas, hay una excelente tienda de souvenirs. Ofrece productos de diversas regiones de Honduras y algunos de Guatemala. Si va a comprar un libro para conocer en profundidad la historia de Copán, le recomendamos “El Museo de Escultura de Copán” de Barbara W. Fash

Cafetería: Se encuentra al lado de la tienda de recuerdos; nunca la visitamos.

Artesanías: A la entrada del Parque Arqueológico hay varios puestos callejeros. Dentro del marque encontrará niños chortís; los chortís son un pueblo indígena descendientes de los mayas que habitan en la zona. Provenientes de la vecina aldea La Pintada, ofrecen coloridas muñecas hechas con hojas de maíz a muy bajo costo. Además, por una pequeña propina podrá tomarse una foto con ellos o escucharles cantar el himno nacional hondureño en su propia lengua.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS:

[1] Pineda de Carías, María Cristina, Véliz, Vito y Agurcia Fasquelle, Ricardo, “Acerca de las observaciones del sol realizadas en la Gran Plaza del Parque Arqueológico de Copán Ruinas, Honduras”, Yaxkin Vol. XXVI, Instituto de Antropología e Historia, 2002, p.19

[2] Calvet, Louis-Jean, “Historia de la Escritura”, Librerie Plon, 1996, Editorial Paidós 2008, p.77,78

[3] Fash, Barbara W., “El Museo de Escultura de Copán”, Peabody Museum Press, President and Fellows of Harvard College, 2011, p.50

[4] Fash, Barbara W., Op. cit., p.50

[5] Agurcia Fasquelle, Ricardo y Véliz, Vito (editores), “Manual de los Monumentos de Copán, Honduras”, Asociación Copán, 2010, p.165

[6] Agurcia Fasquelle, Ricardo y Véliz, Vito (editores), Op. cit, p.195

[7] Glancey, Jonathan, “Historia de la Arquitectura”, Editorial La Isla, 2001, p.95

[8] Martínez, Christofer, “La Mitología en el Juego de Pelota del mito a la arquitectura”, Edición de autor sin fecha, p.6

[9] Fash, Barbara W., Op. cit., p.104

[10] Fash, Barbara W., Op. cit., p.105,106

[11] Agurcia Fasquelle, Ricardo y Véliz, Vito (editores), “Manual de los Monumentos de Copán, Honduras”, Asociación Copán, 2010, p.334

[12] Fash, Barbara W., Op. cit., p.45,46

[13] Fash, Barbara W., Op. cit., p.38

[14] Fash, Barbara W., Op. cit., p.142,143

[15] Ahlfeldt, Jennifer F., “Proyecto de Reconstrucción Escultórica de la Estructura 10L-22, Copán, Honduras”, traducido del Inglés por Alex Lomónaco, FAMSI, 2005, .7,8.

Nota: Todas las fotografías y el video fueron tomadas por el autor de esta nota y son de su propiedad.

© Pablo R. Bedrossian, 2017. Todos los derechos reservados.

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