LA VERDADERA HISTORIA DE LA NAVIDAD (por Pablo R. Bedrossian)

El término Navidad proviene del español antiguo Natividad[1], derivada a su vez el latín nativitas, que significa nacimiento[2]. El término se utilizó para celebrar el nacimiento de Jesús. Por eso, hablar de Navidad omitiendo el nacimiento de Jesús es como decir café descafeinado: un intento de vaciar una palabra de su contenido mientras ella misma lo sigue proponiendo.

Hablar de Navidad omitiendo el nacimiento de Jesús es como decir café descafeinado: es el intento de vaciar una palabra de su contenido mientras ella misma lo sigue proponiendo.

En nuestra sociedad materialista, donde los negocios son más importantes que la fe, se ha reemplazado la imagen del niño Jesús en el pesebre por un anciano gordinflón de barba blanca, vestido de rojo. Diría que hoy la Navidad sobrevive sólo en algunos villancicos y en las representaciones que se realizan en algunas iglesias, y que no es Jesús, sino el arbolito, su símbolo principal. Pero, si hablamos de Navidad, hablemos de nacimiento.

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“La adoración de los pastores”, de Agnolo Bronzino; obra realizada hacia 1540, Szépművészeti Múzeum, Budapest, Hungría

LA FECHA

Muy difícilmente Jesús haya nacido un 25 de diciembre. Hay dos razones: la primera es que esta celebración, instituida formalmente a mediados del siglo IV, cristianizó una fiesta pagana que se realizaba ese mismo día[3] dedicada al Sol Invicto, cuyos restos perduran en la estrella que corona el tradicional pino navideño. Incluso en Oriente se celebraba la Navidad en otra fecha, el 6 de enero, una tradición que hoy sólo conserva la Iglesia Apostólica Armenia. La segunda es por la mención de los pastores -según el relato del evangelio de Lucas- cuidando a sus ovejas al aire libre; en diciembre, a causa del frío, sería improbable. Sin embargo, el estudioso Alfred Edersheim, basándose en un pasaje de la Mishná[4], postuló una teoría diferente: “Porque cerca de Belén, en el camino a Jerusalén había torre conocida como Migdal Eder, la ‘torre de vigilancia de los rebaños’. Era el lugar donde los pastores vigilaban los rebaños destinados a los sacrificios del templo… parece profundamente significativo que aquellos pastores que primeramente oyeron las nuevas del nacimiento del Salvador… estuvieran vigilando rebaños destinados a ser ofrecidos como sacrificios en el templo”[5]. Convengamos que la Biblia no menciona la fecha de la Navidad y simplemente se trata de un tiempo de recordación.

La Biblia no menciona la fecha de la Navidad y simplemente se trata de un tiempo de recordación.

LAS FUENTES

Aunque algunos historiadores creen que el Cristo de la fe es diferente del Jesús de la Historia, nosotros creemos que sin el Jesús que nació en Belén, vivió en Nazaret y fue crucificado y resucitado en Jerusalén no habría un Cristo en quien creer[6].

Los cuatro evangelios canónicos son los libros cronológicamente más cercanos a la historia de Jesús. Dos de ellos no relatan el nacimiento: Marcos comienza con el bautismo y Juan contiene un prólogo de corte teológico. Pero sí cuentan la historia Mateo y Lucas. Curiosamente ambos comparten buena parte de su material[7], pero tanto en el nacimiento como en la resurrección, cada uno presenta su propia perspectiva, construida a partir de fuentes diferentes. Mateo es el único que contiene la historia de los Reyes Magos, la matanza de los niños por parte de Herodes y el viaje de la familia de Jesús a Egipto. Lucas es el único que habla del parentesco con Juan El Bautista, del pesebre y los pastores, y menciona algo de su niñez.

Aunque algunos historiadores creen que el Cristo de la fe es diferente del Jesús de la Historia, nosotros creemos que sin el Jesús que nació en Belén, vivió en Nazaret y fue crucificado y resucitado en Jerusalén no habría un Cristo en quien creer.

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Detalle de “La adoración de los pastores” de Bronzino

EL CONTEXTO

Cuando nace Jesús, Roma ya era un imperio. Había impuesto la paz por las armas. El emperador gobernaba a través de procuradores o de reyes vasallos. Tal es el caso de Herodes El Grande, el extranjero que mandaba en Israel, hijo de padre idumeo y madre árabe (era nabatea). El pueblo hebreo estaba sometido por los romanos y obligado a pagar altos impuestos. Esperaban un mesías, el Ungido de Dios, que los salvara. Tenían diversas expectativas: predominaba la de un libertador, descendiente del rey David, pero también la de un hombre que bajaba con poder del cielo (lo que conocemos como Hijo del Hombre).

Lucas, que se puede decir que es el único evangelista que describe su método de investigación, ubica el nacimiento de Jesús en la historia. Dejemos que el propio Lucas nos hable:

“Puesto que ya muchos han tratado de poner en orden la historia de las cosas que entre nosotros han sido ciertísimas, tal como nos lo enseñaron los que desde el principio lo vieron con sus ojos, y fueron ministros de la palabra, me ha parecido también a mí, después de haber investigado con diligencia todas las cosas desde su origen, escribírtelas por orden, oh excelentísimo Teófilo, para que conozcas bien la verdad de las cosas en las cuales has sido instruido… Hubo en los días de Herodes, rey de Judea…”[8]

LOS RELATOS

Más adelante el mismo Lucas escribe:

“Aconteció en aquellos días, que se promulgó un edicto de parte de Augusto César, que todo el mundo fuese empadronado. Este primer censo se hizo siendo Cirenio gobernador de Siria. E iban todos para ser empadronados, cada uno a su ciudad. Y José subió de Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por cuanto era de la casa y familia de David; para ser empadronado con María su mujer, desposada con él, la cual estaba encinta. Y aconteció que estando ellos allí, se cumplieron los días de su alumbramiento. Y dio a luz a su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón”[9].

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Otro detalle de “La adoración de los pastores” de Bronzino

Mateo, aunque en menor medida, también da referencias históricas: simplemente ubica a Jesús en tiempo de Herodes[10]. Según este autor, el nacimiento fue milagroso:

“Estando desposada María su madre con José, antes que se juntasen, se halló que había concebido del Espíritu Santo. José su marido, como era justo, y no quería infamarla, quiso dejarla secretamente. Y pensando él en esto, he aquí un ángel del Señor le apareció en sueños y le dijo: José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es. Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados. Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta, cuando dijo:  He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros. Y despertando José del sueño, hizo como el ángel del Señor le había mandado, y recibió a su mujer. Pero no la conoció hasta que dio a luz a su hijo primogénito; y le puso por nombre JESÚS”[11].

“Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados”.

Sigamos leyendo a Lucas que nos cuenta de un hecho extraordinario: el anuncio a los pastores. Probablemente los pastores representaban a los más humildes y postergados, que estaban expuestos a muchos peligros, que buscaban a Dios de corazón.

“Había pastores en la misma región, que velaban y guardaban las vigilias de la noche sobre su rebaño. Y he aquí, se les presentó un ángel del Señor, y la gloria del Señor los rodeó de resplandor; y tuvieron gran temor. Pero el ángel les dijo: No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor. Esto os servirá de señal: Hallaréis al niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre. Y repentinamente apareció con el ángel una multitud de las huestes celestiales, que alababan a Dios, y decían: ‘¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!’. Sucedió que cuando los ángeles se fueron de ellos al cielo, los pastores se dijeron unos a otros: Pasemos, pues, hasta Belén, y veamos esto que ha sucedido, y que el Señor nos ha manifestado. Vinieron, pues, apresuradamente, y hallaron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Y al verlo, dieron a conocer lo que se les había dicho acerca del niño. Y todos los que oyeron, se maravillaron de lo que los pastores les decían”[12].

No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor.

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Vista parcial de “La Virgen y el Niño bajo el Arco”, obra de Petrus Christus, realizada a mediados del siglo XV . Expuesta en el Szépművészeti Múzeum, Budapest

Cristo no era un nombre; era un título que se le daba al mesías, al salvador esperado por los israelitas. Desde mediados del siglo II a.C., a partir de Antíoco IV Epífanes, el rey seléucida que durante su campaña a Jerusalén quiso suprimir el culto a Jehová[13], los judíos hicieron enormes sacrificios por defender su precaria independencia. Desde tiempo atrás se habían replanteado su creencia en la justicia retributiva de Dios, por la cual la prosperidad es la recompensa de la obediencia. Enfrentaban un nuevo escenario: el sufrimiento de los justos. Se preguntaban, ¿cómo puede ser que Dios permita tanta injusticia? Y se respondieron diciendo que a su tiempo llegaría el castigo divino sobre los malvados. Se difundieron a partir de allí doctrinas que estaban en forma embrionaria en los textos sagrados (hoy conocidos como Antiguo Testamento), tales como la resurrección de los muertos, el juicio final y la llegada del Ungido, el mesías que libertaría al pueblo. Pero Jesús no llega con un cetro y un trono; nace entre los más humildes y desposeídos.

Continúa Mateo:

“Cuando Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes, vinieron del oriente a Jerusalén unos magos, diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle. Oyendo esto, el rey Herodes se turbó, y toda Jerusalén con él. Y convocados todos los principales sacerdotes, y los escribas del pueblo, les preguntó dónde había de nacer el Cristo. Ellos le dijeron: En Belén de Judea; porque así está escrito por el profeta: ‘Y tú, Belén, de la tierra de Judá, No eres la más pequeña entre los príncipes de Judá; porque de ti saldrá un guiador, que apacentará a mi pueblo Israel’. Entonces Herodes, llamando en secreto a los magos, indagó de ellos diligentemente el tiempo de la aparición de la estrella; y enviándolos a Belén, dijo: Id allá y averiguad con diligencia acerca del niño; y cuando le halléis, hacédmelo saber, para que yo también vaya y le adore. Ellos, habiendo oído al rey, se fueron; y he aquí la estrella que habían visto en el oriente iba delante de ellos, hasta que llegando, se detuvo sobre donde estaba el niño. Y al ver la estrella, se regocijaron con muy grande gozo. Y al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra. Pero siendo avisados por revelación en sueños que no volviesen a Herodes, regresaron a su tierra por otro camino. Después que partieron ellos, he aquí un ángel del Señor apareció en sueños a José y dijo: Levántate y toma al niño y a su madre, y huye a Egipto, y permanece allá hasta que yo te diga; porque acontecerá que Herodes buscará al niño para matarlo. Y él, despertando, tomó de noche al niño y a su madre, y se fue a Egipto, y estuvo allá hasta la muerte de Herodes; para que se cumpliese lo que dijo el Señor por medio del profeta, cuando dijo: De Egipto llamé a mi Hijo. Herodes entonces, cuando se vio burlado por los magos, se enojó mucho, y mandó matar a todos los niños menores de dos años que había en Belén y en todos sus alrededores, conforme al tiempo que había inquirido de los magos.”[14].

Si los pastores representan a los débiles y excluidos, los magos representan a los sabios. El autor no nos dice que eran tres, ni reyes, ni que viajaban en camellos; menos aún que se llamaban Gaspar, Melchor y Baltazar, como lo sostiene la tradición, pero sí nos dice que siguieron una estrella. No eran magos en el sentido moderno de la palabra sino hombres altamente educados con conocimiento de astronomía, que interpretaban como señales sus observaciones celestes. Son presentados como personas que buscaban la verdad y que se rindieron ante la evidencia: No se encerraron en sus paradigmas o prejuicios. Inquirieron e indagaron hasta encontrar las respuestas a sus preguntas.

Los sabios de Oriente no se encerraron en sus paradigmas o prejuicios. Inquirieron e indagaron hasta encontrar las respuestas a sus preguntas.

Pero hay algo más en esta historia: los pastores eran judíos, y los magos, extranjeros. En el relato de Mateo hay un mensaje de universalidad: Jesús no fue adorado sólo por personas de su pueblo sino también por hombres de otras naciones, prefigurando la expansión del evangelio, su Buena Noticia, más allá de las fronteras palestinas.

Desde luego, las pinturas de los pastores y los magos rodeando al niño en un pesebre muestran una visión romántica de la Navidad. Pero la realidad está muy lejos de la belleza del arte. Jesús no nació bajo circunstancias favorables. En un establo hay estiércol y mal olor. Como dice el apóstol Pablo, siendo rico se hizo pobre para que nuestra pobreza fuera enriquecida[15]. Sin embargo, su destino no fue determinado por su contexto sociopolítico, ni por los padecimientos económicos, sino por su visión de lo que debía ser y hacer.

Jesús no nació bajo circunstancias favorables. Sin embargo, su destino no fue determinado por su contexto sociopolítico, ni por los padecimientos económicos, sino por su visión de lo que debía ser y hacer.

La llegada de Jesús al mundo nos recuerda que, aunque muchos no creamos en Dios, Dios sigue creyendo en nosotros. Que la misma luz que brilló en Belén ilumine nuestros corazones ahora y siempre.

 

[1] Es una apócope; un apócope es la pérdida o desaparición de uno o más letras o sílabas al final de algunas palabras.

[2] http://www.elcastellano.org/palabra/navidad. En inglés, la palabra Christmas (Navidad en inglés) también hace referencia a Cristo.

[3] En el 45 a. C., se fijó el 25 de diciembre como el solsticio de invierno de Europa. El solsticio de invierno es el instante en el Sol se encuentra a mayor distancia de la Tierra.

[4] La Mishná un texto de finales del siglo II que recoge antiquísimas tradiciones judías

[5] Edersheim, Alfred, “Usos y costumbres de los judíos en los tiempos de Cristo”, p.101, reedición por Editorial Clíe, 2003 (el libro es de 1876)

[6] Autores como John Dominic Crossan sostienen que Jesús era un predicador ambulante analfabeto mientras que otros, mucho más documentados y menos conjeturales, como Gerd Theissen, sostienen que si bien los evangelios están impregnados de fe se pueden encontrar allí elementos históricos. Ningún libro ha sido tan sometido a todo tipo de aparatos críticos como la Biblia. Por ejemplo, la crítica de las fuentes, la crítica histórica, la crítica textual, la crítica de las formas.

[7] Mateo y Lucas siguen a Marcos en una gran extensión de sus relatos; además comparten otros pasajes que no están en Marcos atribuidos por muchos expertos a una presunta fuente común, nunca encontrada, que denominan documento Q.

[8] Evangelio según San Lucas 1:1-5a

[9] Evangelio según San Lucas 2:1-7

[10] Evangelio según San Mateo 2:1-3

[11] Evangelio según San Mateo 1:18b-25

[12] Evangelio según San Lucas 2:8-18

[13] También llamado Yahveh o Yahve, según las traducciones.

[14] Evangelio según San Mateo 2:1-16

[15] 2ª Epístola a los Corintios 8:9

FOTOGRAFÍAS:

Todas las fotos fueron tomadas por el autor

© Pablo R. Bedrossian, 2015. Todos los derechos reservados.

Acerca de Pablo R. Bedrossian

Mi primer propósito es informar y formar. Este no es un blog para obtener seguidores sino para ser utilizado como consulta o referencia en temas muy diversos como historia, naturaleza, arte o fe. Mi segundo propósito es generar opinión. Este mundo necesita pensamiento y participación, no sólo seguimiento y observación. Es un llamado a ser protagonistas y no sólo testigos, actores y no sólo espectadores.
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