ARCIMBOLDO: UN GENIO CON MARCA PROPIA (por Pablo R. Bedrossian)

 “Si llamamos sensibilidad a la capacidad que tiene nuestro espíritu de recibir representaciones (receptividad)… se llamará entendimiento a la facultad que tenemos de producir nosotros mismos representaciones… Por la índole de nuestra naturaleza, la intuición no puede ser más que sensible, pues sólo contiene la manera que somos afectados por los objetos… el entendimiento, en cambio, es la facultad de pensar el objeto de la intuición sensible[1]Emmanuel Kant

La Gestalt (palabra que en alemán significa conjunto, configuración, totalidad o forma) es una escuela de psicología que interpreta las experiencias humanas como una totalidad y no como el resultado de cada uno de los sentidos. Postula que la conciencia integra cada una de nuestras percepciones de un momento determinado en una única estructura. Este enfoque holístico puede resumirse en la frase “el todo es más que las suma de las partes”.

Así nos sucede cuando percibimos una situación: unimos lo que nuestra vista, oído, tacto, gusto y olfato reciben, reconstruyendo dentro de nosotros la realidad, mucho más rica que lo que nos indica cada uno de los sentidos, de modo de poder entenderla.

Pensemos sólo en el oído. Lo que sentimos al oír una sinfonía no es el producto de escuchar cada uno de los vientos y las cuerdas, sino la percepción de una totalidad construida con todos los instrumentos, que produce en nosotros un efecto muy superior a la suma de las individualidades. Lo mismo puede decirse de la pintura, donde cada color y cada trazo crean la estructura que llamamos imagen; es esa imagen -no cada pincelada- la que nos produce diversas sensaciones.

En los ejemplos mencionados, el “todo” se construye con elementos afines a él que la mente automáticamente relaciona. El sonido de los instrumentos permite una música sinfónica; el color y los trazos componen una pintura.

Siglos antes que la Gestalt, Giuseppe Arcimboldo (1527-1593) entendió estos principios y los extendió más allá de sus límites, pues a diferencia de una orquesta o de una tradicional pintura figurativa, obtuvo un resultado asombroso tomando elementos ajenos a lo que se proponía representar.

Único y excepcionalmente creativo, Arcimboldo se hizo famoso por sus pinturas de rostros, construidas con flores, frutas, plantas, animales u objetos. La integración de las partes daba un todo asombrosamente humano.

ALGUNAS DE SUS OBRAS

En 2013 tuve oportunidad de visitar el Kunsthistorisches Museum, el Museo de Historia del Arte de Viena, Austria. Pude ver allí cuatro de sus obras, dos de las cuales pertenecen a la serie “Las cuatro estaciones”, donde cada rostro representa un periodo del año y a la vez una etapa de la vida del hombre.

"Verano" (1563)

“Verano” (1563)

 

Detalle de "Verano" donde Arcimboldo pintó su firma; algo más abajo, también pintó  el año (1563), aunque no se ve en las fotos

Detalle de “Verano” donde Arcimboldo pintó su firma; algo más abajo, también pintó el año (1563), aunque no se ve en las fotos

 

"Fuego" (1566)

“Fuego” (1566)

 

"Invierno" (1566)

“Invierno” (1566)

 

"Agua" (1566)

“Agua” (1566)

 

ACERCA DE GIUSEPPE ARCIMBOLDO

Arcimboldo fue pintor italiano del “cinquecento”; dicho en castellano, del 1500. Perteneció a una generación posterior al Alto Renacimiento, la época de Leonardo Da Vinci, Miguel Ángel y Rafael, que había traído un regreso a las formas de la antigüedad, llamadas clásicas, que se asociaban con la perfección, y la imitación de la naturaleza.

Arcimboldo es considerado un pintor manierista. El manierismo corresponde a la última parte del Renacimiento o Bajo Renacimiento y se caracteriza por una exageración de las formas clásicas y sus movimientos, que por momentos llegan a ser extravagantes. Algunos consideran a “El juicio de Dios” de Miguel Ángel, ubicado en el frente interior de la Capilla Sixtina, como una de las primeras obras manieristas, y como ejemplo señalan los gestos del Cristo pantokrator[2] que domina la obra.

Fue un genio por su capacidad inventiva y sirvió a varios emperadores europeos. No sólo pintó: diseñó vitrales  y gobelinos;  inventó juegos, torneos y celebraciones de primera categoría. Incluso se cuenta que “fue admirado por sus dotes científicas y técnicas. Propuso un método colorimétrico de transcripción musical, según el cual una melodía podría representarse por manchitas de color sobre un papel. Partía de las proporciones pitagóricas de tonos y mediotonos. Empleó los colores en la escala: el amarillo al blanco, el verde al amarillo, el azul al verde, pardonegro al azul etc.”[3]

En medio de sus labores dedicó tiempo al estudio de los grabados de Leonardo da Vinci, en particular a los que eran de tendencia caricaturesca, cuya impronta se haría notable en su producción posterior[4]. A ello hay que sumarle otro elemento innovador: el ilusionismo, ese extraordinario atributo que destacamos al principio por el cual logra representar un rostro con elementos completamente ajenos a él. No es exagerado afirmar que es cultor de un arte fantástico, no porque utilice ingredientes irreales y sobrenaturales, sino porque sus invenciones pictóricas producen un fenómeno que Dalí retomará en el siglo XX, la imaginación compartida: la del creador y la del observador.

ARCIMBOLDO Y DALÍ

Supongo que Georg Cantor al crear la Teoría de los Conjuntos, ese enorme salto cualitativo que hizo pasar de la idea de una sucesión de números a la idea de conjuntos, tenía en mente las relaciones entre los elementos. Ocurre que lo que hace que el todo sea más que la suma de las partes no son los componentes sino las relaciones que se establecen entre ellos. En el caso de la pintura de Arcimboldo, el efecto que produce la ubicación de un elemento en relación a otro crea esa unidad única que lo distingue y genialmente lo diferencia.

Se dice que su obra inspiró “Cabeza paranoica”, el famoso cuadro de Salvador Dalí. Durante una exposición de obras del gran artista catalán en Buenos Aires, me ocurrió algo curioso. Cerca del final mucha gente se aglomeró delante de un cuadro. Me acerqué y observé la pintura: vi una serie de figuras sentadas y recostadas, que me parecían indiecitos; detrás de ellos, algo así como una choza, y más atrás aún unos árboles, todo bajo un cielo blanco y azul; resumiendo, una imagen que no tenía nada de especial. Entonces le pregunté al que estaba a mi lado:

–          ¿Por qué hay tanta gente? ¿Qué es lo que ven?

–          Gire la cabeza y observe de costado

Quedé impresionado.  Al virar noventa grados vi la cabeza paranoica.

"Cabeza Paranoica" (1935), obra del genial Salvador Dalí

“Cabeza Paranoica” (1935), obra del genial Salvador Dalí

Un efecto “Arcimboldo”, donde elementos extraños a la representación son dispuestos por el artista de tal modo de mostrarla.

En 1987 se realizó en el Palazzo Grassi de Venencia una exposición sobre el “efecto Arcimboldo”.  Llevó el nombre de “Transformaciones del rostro en los siglos XVI y XX” y fue resultado de la investigación de  Yasha David, un checo exiliado en París. Incluyo unas 300 obras (incluyendo 30 de Arcimboldo) de 120 artistas, además de manuscritos, grabados, documentos y objetos. Aunque allí se proyectó “Perro andaluz”, la famosa película de Dalí y Luis Buñuel, creo que los abordajes son diferentes. Los surrealistas dejan que el inconsciente y su imaginación fluyan sin límites (digamos que su mayor enemigo en términos psicoanalíticos es el super yo);  Arcimboldo, en cambio, era altamente racional, haciendo que su gran imaginación se subordinara a sus fines, que habían sido pensados y minuciosamente planificados previamente.

 

[1] Kant, Emmanuel, Crítica de la razón pura, Editorial Lozada, 1983, 11ª Ed., p.202

[2] Pantokrator: Señor de todo, un Cristo que viene a juzgar a los hombres

[3] http://www.slideshare.net/kasafia/presentacion-arcimboldo

[4] http://www.biografiasyvidas.com/biografia/a/arcimboldo.htm

 

Acerca de Pablo R. Bedrossian

Mi primer propósito es informar y formar. Este no es un blog para obtener seguidores sino para ser utilizado como consulta o referencia en temas muy diversos como historia, naturaleza, arte o fe. Mi segundo propósito es generar opinión. Este mundo necesita pensamiento y participación, no sólo seguimiento y observación. Es un llamado a ser protagonistas y no sólo testigos, actores y no sólo espectadores.
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