EL PROCESO CREATIVO: IDEA E INTENCIÓN – de CÓMO COMPONER CANCIONES (Parte 4)

“Al ejercer mi propio y humilde esfuerzo creativo, pongo mi confianza en lo que aún ignoro, y en lo que aún no he hecho.”[1] Max Weber

“Fe es la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve”[2].

Todo intento creativo es un acto de fe. Procura plasmar de un modo perceptible a los sentidos algo que se está gestando o se ha gestado dentro del creador. De los sueños de un compositor, ¿cuántos intentos llegan a buen término y cuántos son abandonados a lo largo del camino? Y en los que se culminan, ¿cuánto perdura en ellos de lo que tuvieron en su comienzo? La creación puede convertirse en un proceso tan cambiante, que un final pierde toda conexión con su principio. Sin embargo, aún en esos casos extremos, puede identificarse una secuencia, una cadena de pasos, en cada uno de los cuales el artista toma decisiones, conscientes o inconscientes.  Parafraseando a mi profesor Ricardo Voth, en cada momento el creador inventa, adopta, adapta o rechaza uno o más elementos, dando lugar al paso siguiente donde se confronta con otros dilemas, el resto de la página en blanco, y decide si sigue o renuncia a continuar su obra.

Enfoquémonos en el primer momento. Para la inspiración no hay reglas, pero creemos que muchas canciones se inician o con una idea o con una intención.

Pappo, el reconocido guitarrista, creador de "Sándwiches de miga"

¿A qué nos referimos cuando hablamos de una idea como punto de partida? A una secuencia melódica o una frase poética inicial sobre la cual construimos el resto.  Una idea puede surgir espontáneamente (por acción) o ser fruto de una emoción, un diálogo o cualquier otra experiencia que nos afecte (por reacción). Se dice que Pappo, un reconocido rockero argentino, declaró sobre la composición de su tema “Sándwiches de miga”: “Era la época del ácido, me dieron uno antes de un show y después yo veía que los sándwiches se me venían encima”[3]. La canción se construyó a partir de esa idea, como si fuera la chispa que encendió el fuego.

En cambio, cuando hablamos de intención, estamos partiendo de un propósito o motivo que rige y dirige la composición. Mientras que construir desde una idea es como un caminante que hace camino al andar, la intención sigue el modelo del arquitecto. El arquitecto no construye a partir de la entrada o el comedor. Elige un estilo y un tamaño. Conoce la ubicación, el presupuesto que dispone e imagina primero la totalidad del edificio terminado. Parte de lo que quiere lograr, no de dónde se encuentra.  Una vez establecido su propósito traza los planos y empieza a ejecutarlos.

León Gieco, creador de "Cachito, campeón de Corrientes"

Siguiendo con ejemplos de la música popular argentina, la intención es manifiesta en la creación de “Cachito, campeón de Corrientes” de León Gieco: Es la denuncia de la burda utilización de un humilde boxeador por un empresario inescrupuloso para producir dinero. Uno imagina que el mundo está lleno de “Cachitos” que sufren el mismo engaño. No hay una idea poética o musical como gatillo o detonante, sino un propósito que, como una brújula, fija el rumbo de la canción.

Si bien idea e intención pueden presentarse simultáneamente, en general, cuando la creación parte de una idea, se recorre un camino cuyo final es desconocido por el creador. En cambio, cuando prima la intención, todo el esfuerzo creativo enfoca sus esfuerzos en el cumplimiento de ese propósito.

Práctica complementaria:

Transcribo párrafos de un diálogo sabroso entre un periodista y poeta, Osvaldo Ferrari, y un escritor de alcance universal, Jorge Luis Borges[4], para que se lo analice desde la perspectiva que presenté recién:

Ricardo Ferrari: “Hoy me gustaría que habláramos de algo que muchos quieren saber. Esto es, de cómo se produce en usted el proceso de la escritura, es decir, cómo comienza en su interior un poema, un cuento. Y a partir del momento en que se inician, cómo sigue el proceso, la confección, digamos, de ese poema o cuento”

Jorge Luis Borges: “Empieza por una suerte de revelación. Pero uso esa palabra de un modo modesto, no ambicioso. Es decir, de pronto sé que va a ocurrir algo y eso que va a ocurrir puede ser, en el caso de un cuento, el principio y el fin. En el caso de un poema, no: es una idea más general, y a veces ha sido la primera línea. Es decir, algo me es dado, y luego ya intervengo yo, y quizá se echa todo a perder. En el caso de un cuento, por ejemplo, bueno, yo conozco el principio, el punto de partida, conozco el fin, conozco la meta. Pero luego tengo que descubrir, mediante mis muy limitados medios, qué sucede entre el principio y el fin. Y luego hay otros problemas a resolver; por ejemplo, si conviene que el hecho sea contado en primera persona o en tercera persona. Luego, hay que buscar la época; ahora, en cuanto a mí eso es una solución personal mía, creo que para mí lo más cómodo viene a ser la última década del siglo XIX. Elijo si se trata de un cuento porteño, lugares de las orillas, digamos, de Palermo, digamos de Barracas, de Turdera. Y la fecha, digamos 1899, el año de mi nacimiento, por ejemplo. Porque ¿quién puede saber, exactamente, cómo hablaban aquellos orilleros muertos?: nadie. Es decir, que yo puedo proceder con comodidad. En cambio, si un escritor elige un tema contemporáneo, entonces ya el lector se convierte en un inspector y resuelve: “No, en tal barrio no se habla así, la gente de tal clase no usaría tal o cual expresión. El escritor prevé todo esto y se siente trabado. En cambio, yo elijo una época un poco lejana, un lugar un poco lejano; y eso me da libertad, y ya puedo fantasear o falsificar, incluso. Puedo mentir sin que nadie se dé cuenta, y sobre todo, sin que yo mismo me dé cuenta, ya que es necesario que el escritor que escribe una fábula por fantástica que sea crea, por el momento, en la realidad de la fábula. “


[1] Citado en “El proceso de convertirse en persona”, Carl Rogers, Paidós, 7ª Reimpresión 1992, p.15

[2] Epístola a los Hebreos 11: 1, Santa Biblia, RVA, Sociedades Bíblicas Unidas

[4] “Borges en diálogo – Conversaciones de Jorge Luis Borges con Osvaldo Ferrari”, Ediciones Grijalbo, 1985, p.62 y 63

Acerca de Pablo R. Bedrossian

Mi primer propósito es informar y formar. Este no es un blog para obtener seguidores sino para ser utilizado como consulta o referencia en temas muy diversos como historia, naturaleza, arte o fe. Mi segundo propósito es generar opinión. Este mundo necesita pensamiento y participación, no sólo seguimiento y observación. Es un llamado a ser protagonistas y no sólo testigos, actores y no sólo espectadores.
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