LOS PASAJES CORONDA Y BURGOS Y EL MERCADO DEL PROGRESO (por Pablo R. Bedrossian)

SERIE “PASAJES Y CALLES CURIOSAS DE BUENOS AIRES”

“Caballito está en el centro de Buenos Aires, y Coronda debe estar en el centro de Caballito.” (Laura Restrepo, escritora colombiana, en su novela “Demasiados héroes”)

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 EL RECUERDO

Pocas calles en Buenos Aires tienen forma de L. Una de ellas, el pasaje Coronda, es una perla oculta del barrio de Caballito. De niño me llamaba la atención su curioso trazado: nacía en la avenida Juan Bautista Alberdi; tras una cuadra hacía un codo evitando chocar con un robusto edificio, para luego morir a pocos metros en la calle Centenera.

Pasaron los años y descubrí que la calleja que se abría en Centenera ya no se llamaba Coronda sino Burgos, y que lo que veía al final del primer tramo era la parte posterior un mercado. Sin embargo, el pasaje conservaba su atmósfera íntima, alejado del tránsito y el bullicio. Me propongo contar aquí algo de su historia.

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LOS ORÍGENES: EL PASAJE CORONDA Y EL MERCADO DEL PROGRESO

Un hecho marca un antes y un después en la vida del pasaje Coronda: La construcción del Mercado del Progreso en 1889. Hasta ese momento no tenía denominación oficial. Se extendía entre Rivadavia y Juan Bautista Alberdi, corriendo paralelo a Centenera, que en aquel momento se llamaba calle Silva[1]. Según un artículo de la revista barrial Horizonte, cuando se lotearon los terrenos donde se construiría aquel centro comercial, la actual Coronda era una calle de tierra conocida como Pasaje del Mercado. En la “Guía de Cartografía Histórica de la Ciudad de Buenos Aires (1854-1900)” no encontramos ninguna referencia a una Calle o Pasaje del Mercado en la zona, por lo que también es posible que haya adquirido ese nombre desde la fundación del Mercado del Progreso hasta ser designado Coronda seis años después.

La familia Ocantos, emparentada lejanamente con Narciso Laprida, el famoso presidente del Congreso de Tucumán de 1816, adquirió en 1880 una residencia vecina denominada La Quinta del Caballito. Fue su propietaria cerca de una década, utilizándola como casa de verano. El terreno ocupaba la manzana que hoy limitan la avenida Rivadavia, la calle Del Barco Centenera (que, como dijimos, en aquel entonces se llamaba Silva), la avenida Juan Bautista Alberdi y la calle Cachimayo, que hasta 1895 se conoció como calle Ocantos[2].

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Construido por la Sociedad de Progreso de Caballito frente a aquella quinta de los Ocantos, y al lado de un edificio en ruinas, el Mercado del Progreso se inauguró el 9 de noviembre de 1889 literalmente con bombos y platillos, pues, participaron en el acto dos bandas de música. Hubo una bendición religiosa por el párroco de Flores, el padre Feliciano De Vita, impulsor de la construcción de la actual basílica de San José de Flores[3],[4]. Para coronar la celebración, se realizó una reunión social en el Hotel Roma[5].

El mercado marcó un hito en la vida del barrio. Generó empleos mayoritariamente para inmigrantes, teniendo como principales clientes a los vecinos de los barrios de Caballito, Flores y Almagro.

EL MERCADO

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El Mercado del Progreso disponía de dos niveles: la planta baja estaba ocupada por locales comerciales y la planta alta por viviendas. Para su construcción se utilizaron hierro, ladrillos y mármol. El diseño priorizó la ventilación y la limpieza, signos de modernidad de la época. Los sectores al aire libre se cubrían con toldos para preservar la mercadería. Transcribimos lo que el sitio web del Mercado cuenta de sus orígenes:

“El pabellón central estaba exclusivamente reservado a la venta de carne. Completamente libre, sin paredes que impidieran circular libremente el aire, y cerrados los puestos durante la noche por planchas de hierro, tenía una excelente ventilación directa. En una de las galerías laterales donde había anchas tablas de mármol con fuentes de aguas constantes, se vendía exclusivamente pescado que podía ser lavado y aún conservado en agua con gran comodidad. El resto de las galerías estaban dispuestas para la venta de hortalizas y frutas. En total eran 53 puestos. El mercado estaba bien provisto de agua por medio de dos fuentes colocadas en el centro. Todos los departamentos estaban provistos de agua, de manera que la limpieza podía se inmediata y completa”[6].

EL NOMBRE CORONDA

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Al mercado se podía acceder por la avenida Rivadavia, la calle Silva (como dijimos, hoy Del Barco Centenera) y el pasaje Coronda, que adquirió su nombre definitivo en 1905, por la Ordenanza del 19 de mayo de ese año[7]. ¿Por qué Coronda? Según un artículo de la revista Horizonte, “recuerda una localidad santafecina del Departamento de San Jerónimo, originada en tierras que fueron de Juan de Garay”[8].

DSC00999Miguel Iusem va más allá y dice que “el nombre de Coronda proviene de la laguna, ciudad y puerto de Santa Fe homónimos, que tomaron para sí la palabra que los indígenas utilizaban para llamar la región. También es el nombre que recibió el triunfo de Estanislao López sobre Hortiguera en 1819 y sobre Ramírez en 1821, en el tiempo de los caudillos argentinos”[9].

INSEPARABLES

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La historia del Mercado del Progreso y el pasaje Coronda se entrelazan a lo largo del tiempo: “En 1920 la construcción sufre ampliaciones sobre el pasaje Coronda y lo incorpora como calle interna de servicio, allí se instalarían las cámaras frigoríficas”[10]. Allí Coronda pierde su acceso a Rivadavia.

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 A fin de mejorar la experiencia de compra, entre 1929 y 1930 se reforma la fachada, incorporando elementos Art Déco, que había causado furor en la Exposición Internacional de París de 1925. Resaltan formas geométricas de estricta simetría, el nombre del mercado en grandes letras y un reloj[11].

Todo sugiere que, a partir del Mercado del Progreso, el pasaje Coronda se convirtió en la clave para resolver el problema de la carga y descarga de mercadería: el transporte ingresaba desde Alberdi y, una vez descargada su mercadería, salía por Centenera. Esta rudimentaria logística, que perdura hasta nuestros días, no ha impedido que las casas sobre Coronda sur ni sobre Coronda este (hoy Burgos) conformen una suerte de isla donde la vida parece transcurrir más lenta y tranquila.

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El tiempo pasó, Caballito se desarrolló como un importantísimo centro comercial de Buenos Aires, pero el pasaje Coronda y el Mercado del Progreso, como un matrimonio que permanece unido a pesar de los avatares de la vida, no perdieron su esencia. Quizás el acontecimiento más relevante fue la venta del Mercado en 1957 a raíz de una crisis financiera, pasando a manos de una sociedad anónima conformada por los arrendatarios, que supieron conservar la fisonomía del edificio[12].

EL PASAJE BURGOS

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Actualmente el pasaje Coronda nace en la parte trasera del Mercado y termina en la avenida Juan Bautista Alberdi al 900. La dirección del tránsito vehicular es de sur a norte. Hasta 1990 tenía el mencionado brazo lateral -mucho más corto-, que llegaba hasta la calle Del Barco Centenera. En ese año, aquel ramal pasó a llamarse Burgos por la Ordenanza N° 43.942/1989, B.M. N° 18.683, no apareciendo un nombre anterior[13]. La denominación proviene de la ciudad española situada en el norte de la península ibérica[14]. El pasaje Burgos nace en Centenera; es una vía angosta, de no más de 30 metros, que termina en el pasaje Coronda, con el que forma dos esquinas, poco antes que éste desemboque en el Mercado. Los vehículos circulan en dirección oeste – este.

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EL ÚLTIMO ACTO

Por la Norma 111/01 “declárase Sitio de Interés Cultural de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires el Mercado del Progreso sito en la Avenida Rivadavia 5408 / 30 del Barrio de Caballito, con frente por la calle Del Barco Centenera y Pasaje Coronda”[15]. Con esta frase en un documento y la mención “Patrimonio del Barrio de Caballito” grabada en una placa, el Mercado del Progreso ingresó en 2001 en el selecto grupo de lugares que contienen valor patrimonial para la ciudad.

A partir de 2005 se comenzó a discutir la posibilidad de remodelar los pasajes Coronda y Burgos, que forman dos esquinas.

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Sin embargo, recién en 2008 se iniciaron las obras, que fueron inauguradas en febrero de 2009[16]. “El objetivo fue recuperar la esencia del comercio minorista en la zona de Primera Junta, en el barrio de Caballito reivindicando las veredas como lugares de tránsito peatonal y de encuentro entre vecinos. Se unificó la calzada con la vereda en los pasajes Burgos y Coronda, se reforzó la iluminación peatonal con farolas ornamentales y se renovó el arbolado y el equipamiento urbano”[17]. Se les dio una imagen renovada; para ello hubo dos elementos clave: la nivelación de aceras y calzada y la colocación de bolardos (un tipo de pequeños pilotes) para evitar el mal estacionamiento.

En cuanto al Mercado del Progreso, en la actualidad tiene 17 negocios ubicados hacia el exterior y 174 puestos interiores distribuidos en una superficie de 3600 m2[18]. A la izquierda del área de carga y descarga, hay un ingreso peatonal con rampa por el pasaje Coronda y un estacionamiento cubierto sobre Burgos.

EL MERCADO DEL PROGRESO Y EL PASAJE CORONDA EN LA LITERATURA

Varios artículos sobre el Mercado del Progreso repiten que Roberto Arlt ambientó allí su novela “El juguete rabioso”[19]. En realidad, no está ambientada allí, y tampoco nombra al Mercado del Progreso como tal, sino que, en una única mención, lo llama mercado de Caballito:

“Entré al mercado de Caballito, ese mercado que siempre me recordaba los mercados de las novelas de Carolina Invernizio”[20].

En su obra, Arlt habla otros mercados, como el Mercado del Plata, o de la feria de Flores; de Caballito menciona la vecina calle Rojas (cuya continuación es Centenera). El relato muestra al protagonista recorriendo diversos barrios de la ciudad para hacer sus ventas.

Mercado del Progreso 04 DSC01009Mucho más llamativa e interesante es la treintena de menciones a Coronda (en realidad, a una casa en el pasaje Coronda a la que identifica por el nombre del pasaje) que hace la escritora colombiana Laura Restrepo. Ubica su novela “Demasiados héroes” en Buenos Aires, a donde llegan los personajes Lorenza y Mateo, madre e hijo, en busca Ramón. Para ella el viaje es una reflexión sobre su antigua y peligrosa militancia en tiempos de la dictadura, mientras que para él es simplemente un camino hacia su padre. La autora, por ejemplo, escribe:

“Para Aurelia, Coronda fue la puerta a Buenos Aires”

“-¿Vivías en Coronda cuando yo aparecí”?

El tío Miche siguió viviendo en el Pasaje Coronda”.  

Incluso nombra la esquina vecina:

“Un sábado al mediodía regresaba de la florería cuando vio, en la esquina de Centenera y Alberdi…”

Sin embargo, el texto más interesante une el pasaje Coronda con el Mercado del Progreso describiéndolo:

“Hay un callejón que da a la parte de atrás del mercado popular del Progreso, en Primera Junta, barrio de Caballito. Se llama Pasaje Coronda, es el lugar de descargue de los camiones que surten al mercado de alimentos, y bien puede ser el menos memorable de los rincones de Buenos Aires. El número 121 de ese callejón es una especie de conventillo que aloja a varias familias; una construcción larga y precaria de un solo piso, en forma de tren, con fachada estrecha y nueve cuartos independientes entre sí y alineados hacia el fondo, que dan a un pasadizo común”[21].

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Las precisas referencias muestran el carácter autobiográfico del texto: la escritora vivió en Argentina entre 1978 y 1982; parte de ese periodo lo vivió en el pasaje Coronda. “Yo estaba en un partido trotskista y vine porque pidieron militantes para ayudar en la clandestinidad. Sabía perfectamente a qué venía”[22].

Independientemente de las ideologías, la ganadora del Premio Alfaguara 2004 ha puesto al pasaje Coronda dentro de la literatura latinoamericana.  Aunque dice “bien puede ser el menos memorable de los rincones de Buenos Aires”, su obra lo recupera del olvido y le da un merecido lugar. Acaso, es también lo que intentamos nosotros al contar su historia.

CONOZCA EL PASAJE CORONDA

Lo invitamos a recorrer el pasaje Coronda, la entrada posterior del Mercado del Progreso y el pasaje Burgos a través de este video:

REFERENCIAS:

[1] “Los ‘Pasajes Ciegos’ de Caballito”, Revista Horizonte Año 16, Número 178, noviembre 2010, sin firma, p.11

[2] Montes-Bradley, Eduardo, “La Resurrección De Carlos María Ocantos”, Revista Hispamérica, Número 114. 2009

[3] Avellaneda, Luis, “La Basílica y su Historia – San José de Flores: Reseña histórica”, 2000, http://sanjosedeflores.blogspot.com/2011/04/san-jose-de-flores-resena-historica.html#more.

[4] Avellaneda, Luis, “Fechas para recordar en nuestra Parroquia”, Compilación del Bicentenario, 2006

[5] Mercado del Progreso, website oficial, http://www.mercadodelprogreso.com.ar/; la mayoría de esta misma data aparece en la nota de Parise, Eduardo, “Un joya fuera de las guías turísticas“, Diario Clarín, Buenos Aires, Argentina, https://www.clarin.com/ciudades/joya-guias-turisticas_0_SJ4KAXkjwXx.amp.html, 03/03/2014 y también en publicaciones del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, que se pueden leer en www.buenosaires.gob.ar/areas/planeamiento_obras/pdf/humanizacion_1.pdf

[6] Mercado del Progreso, website oficial, http://www.mercadodelprogreso.com.ar/;

[7] Piñeiro, Alberto Gabriel, “Las calles de Buenos Aires, sus nombres desde su fundación hasta nuestros días”, Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, Buenos Aires, Argentina, 2003, p.338

[8] Los ‘Pasajes Ciegos’ de Caballito”, Op. cit., p.11

[9] Iusem, Miguel, “Diccionario de las calles de Buenos Aires”, p.29, Instituto Rioplatense de Ciencias, Letras y Artes (IRCLA S.A.), Buenos Aires, Argentina, 1971, p.47.

[10] Maronese, Leticia, “Sitios de Interés Cultural de la Ciudad de Buenos Aires (1994-2003)”, Comisión para la Preservación del Patrimonio Histórico Cultural de la Ciudad de Buenos Aires, 2004, p.156

[11] Historias de mi Comuna: Mercado del Progreso, Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Buenos Aires, Argentina, http://www.buenosaires.gob.ar/noticias/historias-de-mi-comuna-mercado-del-progreso

[12] Maronese, Leticia, Op. cit., p.156

[13] Piñeiro, Alberto Gabriel, “Las calles de Buenos Aires, sus nombres desde su fundación hasta nuestros días”, Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, 2003, p.314

[14] http://caballitotequiero.com.ar/portal/2014/01/28/las-calles-de-caballito/

[15] Maronese, Leticia, Op. cit., p.156

[16] “La verdadera historia del Pasaje Coronda”, Revista Horizonte Año 17, Número 188, Octubre 2011, sin firma, p.10

[17] “Acupuntura Urbana”, Ministerio de Desarrollo Urbano y Transporte, Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, http://www.buenosaires.gob.ar/desarrollo-urbano/humanizando-la-ciudad

[18] http://mercadodelprogreso.com/index.php?lan=1&sec=1

[19] Esta repetición de una afirmación errónea o confusa es común en publicaciones digitales que se dedican a copiar y pegar, mostrando como propio el trabajo ajeno. Otro ejemplo es la afirmación reiterada de que el Mercado del Progreso fue construido “frente a las casas de Ocantos”, sin tomarse el trabajo de investigar a qué hace referencia dicha localización.

[20] Arlt, Roberto, “El juguete rabioso”, Espasa Calpe, Buenos Aires, Argentina, edición de Ricardo Pilgia, 1993, p.173; la obra original es de 1926.

[21] Todas las citas corresponden a Restrepo, Laura, “Demasiados héroes”, Alfaguara, 2009

[22] Kolesnikov, Patricia, Diario Clarín, Buenos Aires, Argentina, sábado, 06/08/2005, citada en “La escritora colombiana Laura Restrepo, reivindica militancia trotskista en Argentina”, https://www.aporrea.org/actualidad/n64192.html

[23] Separata “Obras”, Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, p.44, sin firma, se puede consultar en http://www.buenosaires.gob.ar/areas/planeamiento_obras/pdf/humanizacion_intro.pdf

FOTOGRAFÍAS Y VIDEOS:

Todas las fotografías y el video fueron tomados por el autor y a él le pertenecen todos los derechos.

© Pablo R. Bedrossian, 2017. Todos los derechos reservados.

 

BONUS: DETALLES DE LAS REFORMAS DE 2008 / 2009 A LOS PASAJES CORONDA Y BURGOS

Transcribimos de la documentación que pudimos obtener:

“Ahora, el objetivo primordial de la intervención fue cualificar el espacio público de la ciudad, recuperando el comercio minorista y las actividades vinculadas, rehabilitando funciones de las calles comerciales, imprimiendo una nueva dinámica a la economía urbana al consolidarlas identidades barriales a través de sus sitios de interés. Se apuntó a recuperar las veredas como lugares de tránsito peatonal y encuentro con una renovada calidad espacial.

La intervención contempla unificar, en los pasajes, el nivel de calzada con el de vereda. La unificación de las aceras se encuentra fundada en el objetivo de construir la revalorización del espacio urbano de un sector ‘residencial’ que integra en su tejido un hito del barrio, como lo es el Mercado del Progreso.

Además se percibe en el entorno la carencia de equipamiento adecuado, la iluminación es insuficiente, se debe completar el arbolado urbano, faltan cestos papeleros, los solados se encuentran en mal estado y/o deslucidos; situaciones estas a las cuales la intervención mencionada dio respuestas. La unificación y nivelación de las veredas permitió generar un espacio público que potencia la flexibilidad de usos.

Los solados de las veredas son de loseta granítica de 40 x 40 -64 panes-. El sector de calzada en los pasajes se materializó con solado intertrabado 20 x 10 x 8, entre solias de hormigón, en las cuales se colocaron bolardos para dar seguridad y demarcar el área de vereda; se reforzó la iluminación peatonal con farolas ornamentales, se colocaron rejillas de evacuación de agua donde era necesario y rampas vehiculares de hormigón.

La arborización existente estaba compuesta por fresnos y algunos ficus. Estos últimos fueron retirados y se procedió a la plantación de arbolado urbano: fumo bravo en Del Barco Centenera y en Av. Rivadavia, y tulipaneros en Av. Juan B. Alberdi, completaron la forestación”. [23]

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¿HACIA ARRIBA O HACIA ABAJO? (por Pablo R. Bedrossian)

DSC04574Hace muchos años escuché esta historia y quizás Ud. también. No por eso ha perdido su vigencia. Lo invito a recordarla y a inspirarse en ella para volver a remontar vuelo y seguir adelante.

Un experimentado piloto sobrevolaba el océano cuando percibió un ruido extraño dentro de su avioneta. No tardó en advertir que una rata enorme intentaba treparse a su pierna derecha. Dicen que fue el momento más patético de su carrera. Estaba desconcertado, porque sabía que las mordeduras de aquel infame roedor le impedirían conducir la pequeña nave hasta su destino.

Instintivamente decidió buscar algún lugar donde aterrizar de emergencia, pero recordó que no había islas en esa zona del Pacífico. Entonces, usó su imaginación. En lugar de preocuparse por hallar una pista, se preguntó cómo anular la amenaza. De inmediato se le ocurrió una idea original: Elevó su nave a una altura a la cual nunca se había atrevido a ascender. La rata no soportó la presión y murió en el acto.

Cuantas veces las “ratas” de la vida nos acosan. Los denominamos problemas y adversidades. Frente a ellos, la primera tentación es bajar. Resignarnos ante la fatalidad y admitir que nos supera es elegir el descenso. Pero no siempre hay pistas en el océano de la vida. Sin embargo, el relato nos trae una buena noticia: Siempre hay opciones cuando uno se atreve a subir. Alguien ha dicho que no elegimos las circunstancias pero sí elegimos cómo reaccionamos frente a ellas. En lugar de decirnos a nosotros mismos “no puedo hacerlo” debemos preguntarnos “¿cómo puedo hacerlo?”.

Necesitamos triunfar a pesar de todas las dificultades. Jamás lo haremos dándonos por vencidos. El modo es el mismo de aquel piloto: Elevarnos. Para ello debemos ser capaces de aprender y aplicar lo aprendido, de planificar y ejecutar con excelencia lo planificado, y, por sobre todo, usar los talentos que Dios nos ha dado, recordando que sólo la imaginación es más poderosa que el conocimiento.

© Pablo R. Bedrossian, 2017. Todos los derechos reservados.

NOTA:

Buscando el origen de esta historia la he encontrado contada por Dante Gebel en una editorial de 2009 de la revista Edición G, de la cual fui colaborador. Se puede leer en http://www.devocionaldiario.com/jovenes/dante-gebel-la-historia-del-piloto. Sin embargo, fue publicada mucho antes, por ejemplo en el libro “500 Ilustraciones” de Alfredo Lerín, publicada por la CBP, cuya primera edición es de 1965. Supongo que habrá un texto original en inglés que desconozco. La presente publicación no tiene fines de lucro.

FOTOGRAFÍA:

La fotografía fue tomada por el autor y a él le pertenecen todos los derechos.

 

 

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OSOS HORMIGUEROS EN CENTROAMÉRICA (por Pablo R. Bedrossian)

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Vivo Residencial Campisa, un proyecto residencial y ambiental de unas 300 hectáreas, en San Pedro Sula, Honduras. Su entorno es el de un bosque seco tropical. Posee una cobertura vegetal típica de las urbanizaciones, con arborización, engramado y jardinería, pero en su mayor proporción es una reserva natural con cobertura vegetal continua. El terreno es irregular, con elevaciones que van desde los 65 hasta los 267 metros sobre el nivel del mar; cuenta con áreas planas en el sector sudeste y norte.

Tamandúa mexicana 04 DSC04624Una mañana, hace pocos días, un trabajador de la empresa que desarrolla el proyecto me mostró algo asombroso: un oso hormiguero mediano, conocido como tamandúa, instalado en uno de los árboles, saboreando un manjar de insectos. Sus movimientos lentos y ordenados me permitieron fotografiarlo y filmarlo sin dificultades a una distancia de unos 5 o 6 metros.

No es la primera vez que alguien informa haber visto un tamandúa en la comunidad donde vivimos. Ya lo habían hecho dos vecinos, Frank Gallardo y Eduardo Fiallos, pero es la primera vez que su observación se documenta. El tamandúa se encontraba a sólo unos 200 metros de mi casa y a unos 50 metros del nacimiento del cerro.

QUÉ SON LOS OSOS HORMIGUEROS        

Los osos hormigueros conforman la familia Myrmecophagidae, que significa literalmente comedores de hormigas, en referencia a su dieta preferida. Son mamíferos placentarios exclusivamente americanos, que habitan regiones tropicales desde México hasta el norte de la Argentina. Sólo hay cuatro especies. ¿Qué tienen en común? Dejemos que un experto señale la más importante: “El cráneo es tubular; el hocico es cilíndrico, con una estrecha abertura, que permite únicamente la entrada y salida de la lengua, la cual es larga y delgada, con abundante saliva; no poseen dientes”[1].

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Estos hormigueros (no son verdaderos osos) tienen la piel cubierta de pelos y, según el mismo autor, las cuatro extremidades poseen cinco dedos, aunque, dependiendo de la especie, no todos son visibles externamente; además los miembros superiores son más desarrollados que los inferiores y tienen garras potentes.

EL MÁS PEQUEÑO, EL CYCLOPES DIDACTYLUS U OSO HORMIGUERO ENANO

Cyclopes didactylus 05 P1260163La observación del tamandúa no fue mi primer contacto con osos hormigueros. En diciembre de 2009, un colega de La Ceiba, en el norte de Honduras, planteó un dilema ético a un grupo dedicado a preservar la biodiversidad nacional. Alguien le había ofrecido un Cyclopes didactylus, (un oso hormiguero enano). Si lo compraba, estaría alentando el tráfico de especies; pero si no lo hacía, el pobre animalito terminaría de mascota en algún sitio alejado de su entorno. Luego de un breve debate, la mayoría recomendó su compra para liberarlo en el Parque Nacional Lancetilla, zona donde habita la especie. Interactuar con este osito hormiguero fue una experiencia memorable.

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A pesar de su naturaleza salvaje se comportó amigablemente, sin rehuir al contacto humano. Comprobé la suavidad de su pelaje cuando lo tuve en mis brazos.

Lo liberamos la misma noche que lo trajeron, el 11 de diciembre de 2009.

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Conocido en inglés como Silky Anteater y en español como oso hormiguero enano, hormiguero pigmeo, hormiguero sedoso, hormiguero de seda, hormiguero oro, oso dorado, serafín de platanar, ceibita, angelito, flor de balsa, gato balsa o perico ligero dependiendo el país y la región, es el más diminuto de la familia. Pesa aproximadamente medio kilo[2]; de los hormigueros, es el que tiene la cabeza menos alargada y la nariz más pequeña. Su color dorsal va del dorado al ocre brillante, con una franja café o marrón en su centro, mientras que el vientre tiene una tonalidad más amarillenta. Su cola es prensil, peluda, sedosa y más larga que el cuerpo[3]; se sirve de ella para moverse entre las ramas. En cuanto a su reproducción, tiene sólo una cría por camada[4][5].

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Se distribuye desde México hasta el norte de Bolivia. En Sudamérica se ubica en la zona oeste del continente, en zonas aledañas a los Andes, pero hay poblaciones de esta especie en Brasil, en áreas cercanas al océano Atlántico. No se ha documentado su presencia en El Salvador[6]. En México se lo considera en peligro de extinción[7].

Su hábitat son los bosques húmedos, bosques de crecimiento secundario y manglares. Vive en los árboles y prefiere la vida solitaria. Suele actuar de noche y dormir de día, enrollado a las ramas como un ovillo. Los pocos datos disponibles indican que el macho se moviliza más que las hembras, pero siempre dentro de un perímetro muy limitado, menor a medio kilómetro cuadrado.

LOS MEDIANOS, LAS DOS ESPECIES DE TAMANDÚAS

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Los osos hormigueros medianos se denominan tamandúas y hay dos especies: Tamandua mexicana (Northern Tamandua en inglés), que se distribuye desde México hasta el noroeste del Perú y el noroeste de Venezuela[8], y Tamandua tetradactyla (Southern Tamandua en inglés), que se encuentra sólo en Sudamérica desde Colombia, Venezuela, y la isla Trinidad hasta el norte de Argentina y Paraguay. El modo más sencillo de diferenciarlos es observar si poseen una mancha negra en forma de chaleco: El T. mexicana lo posee, y el T. tetradactyla no[9].

Los tamandúas poseen diversos nombres populares, según la región: oso hormiguero mediano, oso mielero, oso melero, oso colmenero, oso brazo fuerte, brazo fuerte, chupa miel, entre otros.

Hablemos del que observamos, el Tamandúa mexicana. Posee un cuerpo alargado de pelaje corto, con una trompa delgada y desnuda que se va oscureciendo hacia la punta. Como todos los hormigueros, no tiene dientes y posee una lengua delgada y pegajosa[10]. Sus ojos son pequeños y las orejas redondeadas.

Tamandúa mexicana 01 DSC04607El animal pesa entre 3.8 y 8.5 kg. Su dorso es un color crema amarronado con el mencionado chaleco oscuro. Los miembros delanteros son fuertes, con dos garras grandes y dos pequeñas; las patas traseras terminan en cinco garras y la cola es prensil[11].

Su ámbito natural son tanto los bosques secos como los bosques húmedos. Puede tener hábitos diurnos o nocturnos, pero siempre en solitario. En Panamá se ha estimado que tiene un campo de acción de hasta 75 hectáreas, pero en Centroamérica el rango identificado es más reducido, hasta unas 25 hectáreas[12]. Aparentemente su distribución es amplia, pero debido a sus costumbres solitarias su densidad poblacional es muy baja.

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Puede ser terrestre o arborícola, pero duerme entre las ramas. Se esconde en huecos, sean de troncos o de tierra, incluso en el suelo. Se alimenta de hormigas y termitas. El sureño Tamandua tetradactyla también gusta de las abejas. Las hembras dan a luz un ejemplar por vez, y, cuando van a comer, suelen ubicar a su cría en un nido en el hueco de un árbol. Se han observado hembras cargando en sus espaldas a sus crías[13]. Está relativamente protegido de la caza furtiva debido a que su piel no es codiciada por su rugosidad, ni su carne utilizada para preparar comidas.

EL OSO HORMIGUERO GIGANTE

Myrmecophaga tridactyla 02 DSC04708Su nombre científico es Myrmecophaga tridactyla (en inglés Giant Anteater) y es, sin duda, el más conocido de la familia de los hormigueros. En español, se lo conoce como oso hormiguero gigante, oso caballo, oso bandera o yurumí. Lo he visto solamente en cautiverio. Es un animal realmente único, pues no se parece a ningún otro. Lamentablemente es una especie seriamente amenazada.

Myrmecophaga tridactyla 03 DSC04714Es de gran tamaño (puede medir más de dos metros) y posee hábitos terrestres. Su alargada cabeza de forma cónica y sin cuello parece la continuación natural del resto del cuerpo. Posee una larguísima lengua retráctil puede alcanzar los 60 cm de largo, y está cubierta por una sustancia adhesiva que le permite capturar las hormigas con facilidad. Su extensa cola que no es prensil está cubierta de largos pelos, [14]. Tiene un color café o marrón oscuro, con una típica mancha negra en forma de V, que va del pecho hasta la parte media de la espalda. Sus patas delanteras son color crema, con dedos que terminan en garras[15].

Su hábitat son bosques secos y bosques húmedos. Si bien se dice que se encuentra desde el sur de Belice hasta el norte de Argentina, es muy raro en Centroamérica. Recientemente, utilizando cámaras trampa, David Gonthier y Franklin Castañeda documentaron fotográficamente la existencia de al menos dos osos hormigueros gigantes[16] en los alrededores del río Sikre, en la Reserva de la Biosfera de Río Plátano, confirmando su existencia en Honduras[17]. Este hallazgo es esperanzador pues el Myrmecophaga tridactyla es considerado el mamífero más amenazado de Centroamérica y se cree extinto en Belice y Guatemala, and probablemente también en Costa Rica[18].

REFERENCIAS:

[1] Tirira S., Diego, “Mamíferos de Ecuador II”, Museo de Zoología, Pontificia Universidad Católica del Ecuador, Quito, Ecuador, 1999, p.59

[2] Carrillo, Eduardo, Grace Wong y Joel C. Sáenz, “Mamíferos de Costa Rica Mammals”, INBio, Santo Domingo de Heredia, Costa Rica, 1999, p.56 dan un peso menor, entre 155g y 275g.

[3] Hayssen, Virginia, Flavia Miranda, and Bret Pasch, “Cyclopes didactylus (Pilosa: Cyclopedidae)”, Mammalian Species 44(895):51-58, enero 2012. © 26 de septiembre de 2012, American Society of Mammalogists, p.53

[4] Carrillo, Eduardo et al., Op. cit,, p.56

[5] Leyendo diferentes libros y publicaciones se encuentra que hay quienes dicen que la cría es transportada en el vientre por la hembra y quienes dicen que por el macho sobre su espalda.

[6] Hayssen, Virginia et al., Op. cit., p.54

[7] Norma Oficial Mexicana NOM-059-ECOL-1994, que determina las especies y subespecies de flora y fauna silvestres terrestres y acuáticas en peligro de extinción, amenazadas, raras y las sujetas a protección especial, y que establece especificaciones para su protección, DOF (Diario Oficial de la Federación) del 16/05/1994,

[8] Carrillo, Eduardo et al., Op.cit. p.54

[9] Tirira S., Diego, Op. cit., p.60

[10] Navarrete, Daya y Jorge Ortega, “Tamandua mexicana (Pilosa: Myrmecophagidae)”, Mammalian Species 43(874):56–63, © 28 de marzo de 2011, American Society of Mammalogists, p.58

[11] Carrillo, Eduardo et al., Op.cit. p.54

[12] Navarrete, Daya et al., Op. cit., p.60

[13] Navarrete, Daya et al., Op. cit., p.61

[14] Tirira S., Diego, Op. cit., p.60

[15] Carrillo, Eduardo et al., Op.cit. p.52

[16] Las cámaras trampas capturaron cuatro imágenes de osos hormigueros, que, según los autores, corresponden, al menos a dos ejemplares diferentes. Esto sugiere que su presencia en la zona en mucho más alta de lo esperado.

[17]  Gonthier, D. J. and Castañeda, F. E. 2013. “Large- and medium-sized mammal survey using camera traps in the Sikre River in the Río Plátano Biosphere Reserve, Honduras”. Tropical Conservation Science. Vol. 6(4):584-591, p.584

[18] Superina M., Miranda F.R., & Abba A.M. 2010. “The 2010 Anteater Red List Assessment”. Edentata 11:96-114. Google Scholar, p.104

AGRADECIMIENTOS:

Agradecemos muy especialmente a Franklin Castañeda por toda la información brindada sobre el Myrmecophaga tridactyla, el oso hormiguero gigante.

FOTOGRAFÍAS Y VIDEOS:

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EL EDIFICIO ART DECO DE JOSÉ M. MORENO 122 Y OTRAS OBRAS DE ALEJANDRO J. VARANGOT (por Pablo R. Bedrossian)

SERIE “GRANDES EDIFICIOS DE BUENOS AIRES”

Varangot 03 DSC00963La Argentina siempre consideró a Europa como un espejo en el cual reflejarse. Entonces, así como a principios de siglo dio una ferviente bienvenida al Art Nouveau, tres décadas después recibió con sumo beneplácito al Art Déco, cuyo alcance se había extendido también a las grandes urbes de Estados Unidos.

Los cines y teatros porteños fueron los primeros en elegir el Art Déco para vestirse de gala. Luego lo adoptaron bancos, fábricas, mercados y comercios, edificios y viviendas, configurando una nueva metrópolis donde las sensuales curvas del Art Nouveau convivían con las figuras simétricas del Art Déco[1].

Data de 1936 una de las obras Art Déco más curiosas de Buenos Aires, ubicada en José María Moreno 122, barrio de Caballito, frente a lo que hoy es el Instituto Universitario de la Policía Federal Argentina.

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Rodeado de edificios de líneas rectas levantados mucho después, esta construcción de seis pisos emerge con una fachada muy original definida como “puro juego de polleras, collares y tocado hecho de estrías y esferas”[2].

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Vale la pena detenerse a admirarla. En el segundo y tercer piso hay listones verticales de diverso tamaño que producen una sensación de ondulación y, hacia el centro, dos filas de discos que se van reduciendo de tamaño a medida que ascienden. Un diseño parecido se observa en el sexto piso que se continúa en su curiosa torre.

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Precisamente, esa suerte de torre poliédrica es quizás su detalle más llamativo. Se la observa aún desde la concurrida esquina de las avenidas José María Moreno y Rivadavia, ubicada a unos 150 metros. Este curioso remate, al observar el edificio de frente, nos recuerda vagamente las pirámides mayas de Tikal, en Guatemala, que algunos habrán visto en la primera película de la Guerra de las Galaxias.

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El experto Mario Sabugo -cita el historiador Germinal Nogués- afirma que los discos de la fachada “se expanden y multiplican en las ciento sesenta y cuatro esferas de cemento armado que, dispuestas sobre sus diversos diámetros acompañan el carácter ascendente de la composición”[3]. Todos estos detalles Art Déco sugieren poder, elegancia y movimiento.

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 ACERCA DE ALEJANDRO J. VARANGOT, SU CREADOR

Entre los cultores más destacados del Art Déco en Argentina se encuentran los arquitectos Alejandro Virasoro y los hermanos Andrés y Jorge Kálnay.  Sin embargo, el edificio de José M. Moreno 122 proviene de un ingeniero, Alejandro J. Varangot, quien es conocido por algunas de sus obras.

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Su edificio más importante es el Edificio Antonio Pini, ubicado en Diagonal Norte Roque Sáenz Peña 875/99, esquina Sarmiento, ubicado en el barrio porteño de San Nicolás, que es lo mismo que decir pleno Centro.

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La entrada se ubica en una esquina triangular en la cual Varangot ubicó dos enormes águilas, que sirven de ménsulas. En el blog del historiador Alejandro Machado, Laura Varangot, nieta del creador del edificio, dejó un comentario con un detalle muy interesante para cualquier observador: “Si se observa sobre las figuras de las dos águilas, en el centro, hay un relieve de una cara con melena de león. Esa era la cara de mi abuelo, o sea, la firma de su magnífica obra”[4]. Este detalle se ve en el balcón del segundo piso.

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De paso, todos los artículos de Alejandro Machado son excelentes y a los amantes de Buenos Aires recomiendo seguir su blog.

Otra curiosa obra de Varangot es el Mausoleo Social del Centro Gallego[5], hoy conocido como Panteón Social, de estilo románico, ubicado en el Cementerio de la Chacarita, calle Nº 33 y 50. Hay datos interesantes de esta obra, proporcionados por Hernán Vizzari, quien se ha dedicado a estudiar el patrimonio funerario porteño, que Miguel Jurado ha recogido en una nota periodística: “Este edificio es de 1929 y está inspirado en la Colegiata de Santa María del Sar de Santiago de Compostela. Tiene gárgolas con los escudos de las provincias gallegas. Además, cuando se puso la piedra fundamental, enterraron cuatro cofres con tierras de Pontevedra, La Coruña, Lugo y Orense”[6].

En la Plaza Almagro, ubicada en el corazón del barrio homónimo, frente al bajorrelieve de El Fauno[7], creado por César Sforza y adquirido e inaugurado por la desaparecida Municipalidad de Buenos Aires, se encuentra “Monumento a la Bandera de la Plaza Almagro”, diseñado por Varangot. Consiste en un alto mástil sobre cuya base se apoyan dos águilas de bronce de grandes alas. La forma geométrica de las aves es propia del Art Déco. La obra fue inaugurada el 18 de noviembre de 1938 y las águilas fueron realizadas gracias a una colecta vecinal[8].

Finalmente, identificamos una obra más suya, el edificio de Guido 1725, en Barrio Norte. Estas obras nos confirman que los porteños somos deudores creadores como en Ingeniero Alejandro J. Varangot, que han hecho de Buenos Aires, una de las ciudades más lindas y diversas del mundo.

ALGUNAS IMÁGENES MÁS DEL EDIFICIO DE JOSÉ MARÍA MORENO 122

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NOTAS:

[1] Años después se renunciaría a la ostentación y al refinamiento para dar lugar a la sobriedad del racionalismo.

[2] Grementieri, Fabio y Verstraeten, Xavier, “Buenos Aires, Art Déco y Racionalismo”, Ediciones Xavier Verstraeten, Buenos Aires, Argentina, 2008, p.192.

[3] Nogués, Germinal, “Buenos Aires Ciudad Secreta”, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, Argentina, 2004

[4] Machado, Alejandro, http://fotosbaires.blogspot.com/2011/10/una-de-las-maravillas-arquitectonicas.html

[5] Galicia, Revista del Centro Gallego, Año XVII, nº198, junio 1929, p.7

[6] Jurado, Miguel, “En la ciudad de los muertos”, Clarín Digital, https://www.clarin.com/ciudades/Ciudad-Muertos_0_B1kb6POpwXg.html

[7] Gutiérrez, Nicolás Gabriel, “Mármol y Bronce, esculturas de la Ciudad de Buenos Aires”, Olmo Ediciones, Buenos Aires, Argentina, 2015, p.24

[8] Ierardo, Esteban y Navarro, Laura, “Buenos Aires Desconocida” https://www.facebook.com/buenosairesdesconocida/photos/a.118050948343486.23666.117908258357755/403049713176940

BONUS: QUÉ ES EL ART DÉCO

P1130735Con el Art Déco sucede algo curioso: se lo reconoce a simple vista, pero cuesta definirlo. Por ejemplo, Jonathan Glacey en su “Historia de la Arquitectura”, prologada nada menos que por Norman Foster, dice que “se caracteriza por la utilización de materiales lujosos, motivos estilizados y formas modernas”[1]. Podríamos decir que ofrece una definición indefinida

La mayoría de los expertos fija como punto de inicio del Art Déco a la Exposición Universal de las Artes, celebrada en París en 1925. Se manifestó allí en diferentes expresiones artísticas, tales como el diseño gráfico y textil, los objetos decorativos, la pintura, la escultura y la arquitectura.

Para entender su nacimiento corramos las agujas un poco más atrás. A fines del siglo XIX impactó en Europa un innovador movimiento artístico que recibió nombres diversos según la forma y el país donde se desarrollara: Art Nouveau (Francia), Jugendstil (Alemania), Sezession (Austria), Modernismo (España), Liberty (Italia). Este movimiento rompiendo con el academicismo dominante, intentaba llevar el arte a todas las cosas y personas.  De todos ellos, el más extendido fue el Art Nouveau. Se caracterizaba por el uso profuso (a veces también confuso y difuso) de un elevado número de elementos naturales, generalmente florales, delgados, alargados y entrelazados mediante líneas curvas, junto a la inclusión de imágenes femeninas etéreas con abundantes pliegues en sus ropas y ondas en sus cabellos. Pura sensualidad y sensualidad pura.

P1130689El Art Déco llegó para superar el Art Nouveau, reduciendo la cantidad de detalles y simplificando el trazo de las líneas. Sus diseños eran mucho más geométricos. Sin prescindir de la belleza, se podría decir que aplicó la fórmula “menos es más” sobre el estilo anterior. Se extendió más allá de Europa, apoyado en la idea de la simetría y proponiendo diseños más anchos y menos abigarrados, que comunicaban al mismo tiempo elegancia y solidez. Un buen ejemplo serían los rascacielos de New York, como el Edificio Chrysler y el Empire State.

Más allá de nuestras especulaciones, todos los expertos están de acuerdo en aceptar que el Art Déco fue el puente entre el academicismo y el eclecticismo dominantes en la Vieja Europa y el racionalismo que cobraría auge a mediados del siglo XX.

Entre las características fácilmente observables de Art Déco, encontramos:

  • Preferencia por las formas piramidales (evidenciado, por ejemplo, en los rascacielos neoyorquinos o en los detalles ornamentales de muchos edificios)
  • La geometrización de las formas, incluyendo zigzags, espirales, rectas, guirnaldas, líneas onduladas.
  • Relieves en las superficies planas, creando texturas y juegos de luces y sombras

Resumiendo, la estética de cualquier diseño Art Déco comparado con uno Art Nouveau, no importa el campo en el que se realice, es más sencillo, geométrica, simétrico, sólido y “limpio”. Fue un avance de la razón frente a la sensualidad del fin de siglo europeo, sirviendo de precedente al racionalismo que lo sucedió.

NOTAS:

[1] Glacey, Jonathan, “Historia de la Arquitectura”, Editorial La Isla, Buenos Aires y Barcelona, 2001, p.160

 

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“¿CÓMO HABLA DIOS?” POR FRANCIS COLLINS, DIRECTOR DEL PROYECTO DEL GENOMA HUMANO (por Pablo R. Bedrossian)

SERIE “LECTURA RECOMENDADA”

Cómo habla Dios (Francis Collins 01)LA PREGUNTA

¿Se puede ser cristiano y evolucionista? Para los cristianos fundamentalistas, la teoría de la evolución contradice en forma explícita a las Escrituras. En mi primera juventud escuché a un predicador afirmar que “el diablo había sembrado un huevo de áspid en la mente de Darwin”[1]. Personas con esta visión del mundo perciben el conocimiento científico una amenaza, negándose a examinar las evidencias. Por otro lado, los fundamentalistas de la ciencia, mejor llamados cientificistas[2], creen que describir y comprobar un mecanismo les habilita automáticamente a entender su significado. Desde luego, descubrir que una enzima acelere cierta reacción química puede establecer un cómo, pero no necesariamente determinar el por qué.

Bajo esta perspectiva, el fundamentalista religioso y el cientificista aparecen enfrascados en la vieja discusión entre la ciencia y la fe, evocada por nuestra pregunta inicial. Sin embargo, ambos, producto de una manifiesta ceguera voluntaria desconocen “el territorio enemigo”; bajo semejantes prejuicios, son incapaces de entender el alcance del otro: La ciencia estudia el mundo material. No crea verdades; crea conocimientos (observables, medibles, reproducibles, siempre precarios, pues son sometidos a pruebas y debates, que pueden confirmarlos o rectificarlos)[3]. En cambio, la teología y la filosofía abordan significados, y dentro de ellos, como tema crucial, la cuestión de la verdad.

EL AUTOR

El Dr.Francis Collins es cristiano y evolucionista. Nacido en una pequeña granja de Virginia, este médico genetista doctorado en Química, es una reconocida autoridad científica por haber dirigido el Proyecto del Genoma Humano, cuyo objetivo fue identificar las secuencias químicas del ADN a fin de formular un mapa genético completo. Collins lideraba la iniciativa pública del proyecto y Craig Venter, la privada, que se hacía en forma paralela. No sin pugnas, al final unieron fuerzas y el 26 de junio del 2000, presentaron en la Casa Blanca, ante el presidente Bill Clinton, el primer borrador del genoma humano, uno de los logros científicos más altos alcanzados para esa fecha. Entre otros hitos profesionales, en 2009 el Dr. Collins fue nombrado Director de los Institutos Nacionales de Salud, entidad líder en investigación biomédica dentro de los Estados Unidos, por el presidente Barack Obama, quien afirmó en el comunicado de la designación “Collins es uno de los científicos de más altura en el mundo y su descollante trabajo ha cambiado la manera en que consideramos nuestra salud y examinamos la enfermedad”[4].

 EL LIBRO

Quizás por eso, el libro, cuyo título original en inglés es “The Language of God”, fue publicado en español bajo dos títulos diferentes, ambos provocadores: “El lenguaje de Dios” (como lo leí originalmente) y “¿Cómo habla Dios?”  (como lo releí).

Podemos decir que la obra está dividida en tres partes. En la primera, Collins cuenta su experiencia personal. Tras haber crecido en un ambiente rural dentro de una familia agnóstica, nunca se sintió atraído por las ideas religiosas. En la universidad adhería al pensamiento de sus compañeros ateos. Pero graduado de médico, la pregunta de una paciente acerca de su fe y el descubrimiento de una conciencia moral en un universo material, lo llevaron a tomar la decisión de creer en Jesucristo y seguirlo. Influyeron poderosamente en él las lecturas del C.S. Lewis, no una iglesia.

En la segunda, el autor aborda los temas donde ciencia y fe suelen hacer colisión. En cuanto al origen del universo, presenta el Big Bang, la teoría científica de la formación casi instantánea del universo que niega la eternidad de la materia, compatible con el creacionismo cristiano.

Luego se enfoca en el origen de la vida donde es definitivamente evolucionista. Sin necesidad de hacer notar que el Génesis presenta dos órdenes diferentes de la creación de la vida (en el capítulo 1 los animales anteceden al hombre y en el capítulo 2 el hombre precede a los animales, que son creados para hacerle compañía), resuelve la supuesta incompatibilidad entre ciencia y Biblia poniendo el problema en el lector: los textos del Génesis para Collins deben ser leídos en forma simbólica, y no literal como lo hacen los fundamentalistas. Leerlo en forma literal lleva a postular que el mundo fue creado en el año 4,004 a.C., tal como lo calcula la cronología de Ussher[5]. Se apoya para ello en San Agustín, quien reconoce sus limitaciones para entender el significado de estos textos, que sin duda cumplieron un rol explicativo para las personas de su tiempo, pero, desde luego, no pretenden ser enunciados científicos.

A partir de allí presenta a la teoría de la evolución como mecanismo para el desarrollo de la vida en la Tierra. Para este investigador cristiano, el código genético revela cómo “Dios dictó vida al ser”, quedando demostrado que la vida no es producto de la casualidad y que la evolución es el mecanismo elegido. Concluyendo, la teoría de la evolución no refuta a un Dios creador, ni viceversa. Además, y en esto hace un especial énfasis, la presencia de un sentido moral y la búsqueda de sentido, atributos exclusivamente humanos, solamente pueden ser puestos en el hombre por un Creador, no por la materia.

En la tercera parte, se ocupa de la actitud ante la ciencia movida por prejuicios o experiencias personales. Hace notar que Darwin no se volvió agnóstico al descubrir la selección natural sino ante el fallecimiento a los 10 años de vida de su adorada hija Annie, a causa de una tuberculosis[6]. Collins no sólo rechaza el creacionismo tradicional, sino la teoría del diseño inteligente, apoyada por muchos grupos evangélicos en Estados Unidos, a la que sólo concede la habilidad de ser un postulado ingenioso. También resalta que el evolucionista más importante del siglo XX, Theodosius Dobzhansky, era cristiano. Un detalle no carente de humor es su mención a invitaciones que recibe de parte de iglesias. Cuenta que al llegar es recibido con cariño y simpatía por ser un científico cristiano, pero luego, al definirse como cristiano y evolucionista, pocos se acercan a saludarlo cuando se retira.

Al final incluye un apéndice de Bioética, donde presenta situaciones nuevas que el acceso al genoma ha producido. Por ejemplo, comenta el primer caso donde pudo identificarse un gen familiar que ocasionaba cáncer de mama, y expone sus sorprendentes derivaciones. La finalidad es presentar los nuevos retos y oportunidades que trae el conocimiento detallado del ADN, tema que aborda en su siguiente libro, “El lenguaje de la vida”, que recomendamos a todos aquellos interesados en saber en qué consiste la medicina genética.

Muchos ensayos se han escrito sobre este libro del Dr. Francis Collins. Para nosotros esta obra extraordinaria pueden resumirse en una frase suya que se ha hecho famosa: “Dios puede ser reverenciado tanto en una catedral como en un laboratorio”.

 

[1] Según él, se apoyaba en el texto bíblico del profeta Isaías 59:5, escrito más de un par de milenios antes del nacimiento de Darwin

[2] El cientificismo es la tendencia a dar excesivo valor a las nociones científicas o pretendidamente científicas. Sobre la sobrevaloración del alcance de las ciencias y pseudociencias, recomendamos leer, por ejemplo, los comentarios del epistemólogo y filósofo ateo Karl Popper en “La sociedad abierta y sus enemigos”, sobre psicologismo y sociologismo.

[3] No podemos exponer aquí los modelos de pensamiento que subyacen en la lógica de los investigadores, que Thomas S Kühn llamó paradigmas. Para los interesados en el tema recomendamos leer su obra “La estructura de las revoluciones científicas”, Fondo de Cultura Económica, México, Primera edición en inglés, 1962, Primera edición en español (FCE, México), 1971, Octava reimpresión (FCE, Argentina), 2004,

[4] http://sociedad.elpais.com/sociedad/2009/07/09/actualidad/1247090419_850215.html

[5] Ussher fue un arzobispo anglicano del siglo XVII que se tomó el trabajo de contar los años que aparecen en las genealogías y reinados descritos en la Biblia junto a otros periodos de tiempo que se infieren de su texto, deduciendo sobre esa base que la creación se inició el atardecer anterior al domingo del 23 de octubre del año 4004 a. C.

[6] Acaba de ser subastada una carta del autor de “El Origen de las Especies” que dice “Siento tener que informarle de que no creo en la Biblia como revelación divina y por lo tanto tampoco en Jesucristo como hijo de Dios. Atentamente, Charles Darwin”. Interesados en el tema, pueden leer más en http://www.elmundo.es/ciencia/2015/09/07/55ed7d76ca4741f94d8b4588.html

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LAS ESCALERAS Y OTRAS CURIOSIDADES DE LA CALLE GUIDO (por Pablo R. Bedrossian)

 SERIE “PASAJES Y CALLES CURIOSAS DE BUENOS AIRES”

La calle Guido es una de las más distinguidas calles de Buenos Aires. Pero, además de su glamour europeo, ofrece en su corto trayecto detalles únicos: esculturas, un aljibe e, incluso, dos tramos con escaleras; es la única calle que cambia de nombre al cruzar la calle Juncal. Descubra en esta nota algunas de las perlas más preciadas de esta refinada vía.

La calle Guido homenajea a Tomás Guido (1786-1866), quien fuera secretario de Mariano Moreno, amigo personal y compañero de armas del General José de San Martín en el Ejército de los Andes, Ministro de Guerra del Perú y Embajador argentino en Brasil entre 1840 y 1852[1]. Su hijo, el escritor Carlos Guido y Spano, quien también es recordado por una calle, hizo traer piedras de la Cordillera para erigir con sus propias manos el sepulcro de su padre en la Recoleta[2]. Actualmente los restos de Tomás Guido descansan en la Catedral Metropolitana de Buenos Aires.

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Si caminamos en dirección inversa al tránsito vehicular, podemos decir que la calle Guido es la continuación de la calle Talcahuano. Esta vía, cuyo nombre proviene de una ciudad fortificada en el sur de Chile, atacada sin éxito por el General Las Heras durante la gesta libertadora[3], tras hacer una curva y cruzar la calle Juncal, recibe su nuevo nombre. Justo allí, en la esquina sur de Guido y Juncal, se encuentra la plazoleta Pedro Miguel Obligado, en honor a un jurisconsulto y escritor argentino nacido en 1982 y fallecido en 1967[4]. En un costado hay un café, que cuando el clima lo permite, dispone algunas mesas al aire libre para disfrutar del ambiente parisino de la zona. También, en un ángulo de la plazoleta se encuentra una bella réplica en mármol de la Venus Citerea o Afrodita de Capua, de autor desconocido. El original, que fue esculpido en tiempos del emperador Adriano (principios del siglo II d.C.) y se encuentra expuesto en el Museo Arqueológico Nacional de Nápoles, Italia, es, a su vez, copia de una figura griega realizada en bronce en el siglo IV a. C.[5].

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Continuando nuestra marcha por la calle Guido en la misma dirección, encontramos enseguida que la breve calle Parera desemboca en la mitad de la cuadra derecha. En la esquina siguiente se entrecruzan tres calles: Guido, Montevideo y Uruguay. La calle Uruguay nace como una diagonal entre las otras dos. Detengámonos en este cruce de múltiples esquinas para observar un aljibe que nace donde en la unión de las calles Guido y Uruguay. Está ubicado frente a un edificio de siete pisos terminado en 1935 que parece un triángulo trunco, ubicado a la altura de de Guido 1588-98 / Uruguay 1391, obra del arquitecto Carlos Dumas y del ingeniero Alberto Dumas. Se dice que el aljibe es réplica del que la Sociedad Argentina de Escritores (SADE) colocó frente a su sede, en Mexico 526, pero no hay certeza[6].

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Si avanzamos dos cuadras cruzamos la ancha Avenida Callao. Dos cuadras más adelante, justo al llegar a Roberto M. Ortiz, la calle peatonal sobre la cual se ubican los restaurantes de la Recoleta, la calle Guido se vuelve empedrada. A partir de allí luce rodeada de jardines hasta que, unos metros más adelante, choca con el Cementerio.

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Sin embargo, Guido no termina en ese paredón. Continúa del otro lado del espectacular cementerio-museo porteño. Renace en la calle Azcuénaga. Una cuadra después cruza la Avenida Pueyrredón, y pocos metros más adelante, empedrada y siguiendo una pendiente ascendente, en su cruce con la calle Luis Agote se convierte en una de las escasas calles con escaleras de Buenos Aires.

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Se trata de una ancha escalera central, rodeada a ambos lados por miradores que miran al cementerio, a dos niveles. El primero se encuentra a 17 escalones y ofrece un descanso en el ascenso; el segundo, sube 12 escalones.

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Cada mirador presenta anchas balaustradas.

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Los dos superiores tienen, además, enormes jarrones – canteros con altorrelieves alegóricos de niños cargando cestas, a ambos lados de las escaleras.

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La primera escalera de la calle Guido nos permite llegar a una zona elevada, conocida como La Isla. Este sector, cubierto de edificios de muy elevado precio, ocupa una suerte de loma o pequeña colina que se eleva desde la Avenida Las Heras hasta el monumento al General Bartolomé Mitre, y está bordeada por las calles Dr. Luis Agote y Agüero, a las que se desciende a través de sendas escaleras de la calle Guido.

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Teniendo a nuestra espalda la escalera que acabamos de ascender, vemos a nuestra derecha un robusto edificio de líneas rectas, separado de la calle por una reja, que parece tener cinco plantas. Forma parte del complejo de la Embajada del Reino Unido (conocida popularmente como “Embajada de Inglaterra”).

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Avanzamos hasta la esquina y llegamos a un amplio espacio abierto y apacible, a pesar de ser la confluencia de múltiples esquinas.

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Calle Guido 11 DSC02601En su centro se ubica la plazoleta Gelly y Obes, emplazada sobre la avenida General Juan Gelly y Obes, que lleva este nombre desde 1915, en homenaje a quien fuera ministro de Guerra y Jefe del Estado Mayor durante la presidencia de Bartolomé Mitre, y continuara sus funciones como general en jefe durante la presidencia de Domingo Faustino Sarmiento[5].

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Sobre una columna se erige el busto al General Gelly y Obes, realizado por el escultor italiano Camilo Romairone, quien llegó a la Argentina en 1870 y realizó varios mausoleos del Cementerio de La Recoleta. Este busto, que estaba en la respectiva bóveda del militar, fue donado por uno de sus biznietos en 1965 e inaugurado en la plazoleta en 1972[6].

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Además detrás del busto se encuentra una bellísima lámpara de nueve focos.

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A la plazoleta desembocan no sólo la calle Guido y la Avenida General Juan Gelly y Obes, sino también las calles Galileo y Newton, que en su corto trayecto bordea la Embajada del Reino Unido, que ocupa el Palacio Madero Unzué, que perteneció a la familia homónima, construido entre 1914 y 1917 por los arquitectos ingleses Walter Basseth-Smith y Bertie Collcutt.

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En la esquina norte de Guido y Gelly Obes se observa una de las veredas más anchas de Buenos Aires.

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Luego de detenernos a admirar La Isla en la plazoleta Gelly y Obes, continuamos por la calle Guido para recorrer su última cuadra. Siempre se suele ver en la zona algunos autos clásicos dignos de ser admirados.

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En el camino, saturado de autos estacionados, encontramos a mano derecha la Plaza Luis F. Leloir, que recibe su nombre del médico, bioquímico y farmacéutico argentino ganador Premio Nobel de Química en 1970. Tiene senderos de polvo de ladrillo rojo y bellos jardines de grama.

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Si Ud. entra, al fondo, encontrará un mirador que da directamente a la calle Arjonilla – otra calle con una ancha escalera- y más allá a la Avenida del Libertador General San Martín, que se encuentra más abajo, descendiendo la loma en la que nos encontramos.

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Llegamos así al final de la calle Guido, que es otra escalera que tiene sabor parisino. Vista desde arriba, comienza con una explanada de baldosa cuadriculada.

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A ambos lados se abren dos escaleras que descienden hacia su confluencia y en el centro una pequeña fuente y un monumento dedicado al médico argentino Antonio F. Piñero, realizado por el escultor argentino Eduardo Lagos.

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Es interesante notar que Piñero -reconocido psiquiatra, luego diputado nacional- nació en 1855 y murió en 1921. Sin embargo, una placa que lo recuerda, lleva debajo el nombre del escultor del busto en bronce, Alberto Lagos y las fechas 1885-1960. Entonces, no se trata de las fechas de nacimiento y muerte del homenajeado sino del escultor…

Calle Guido 21 DSC02612El busto fue inaugurado en 1927[7] y muestra al ilustre galeno con una toga al estilo romano. Se apoya sobre una base de mármol con forma de muro, que a sus lados tiene dos bajorrelieves alegóricos con una cabeza de león entre ambos de donde fluye el agua hacia la pequeña fuente -que en nuestras visitas siempre hemos visto secas-. Detrás, imponente, se erige como un rectángulo elevado el edificio de la Biblioteca Nacional.

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A los lados de las escaleras hay balaustradas que sirven de miradores. La de la derecha está cubierta parcialmente de por árboles y plantas y la de la izquierda está despejada.

Calle Guido 22 DSC08597En ambas se levantan columnas de capiteles dóricos, coronados por cóndores de piedra. Pablo Mastandrea comenta que estas columnas rematadas con figuras de cóndores son de estilo toscano.

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Las escaleras, ambas de 12 escalones, confluyen en una suerte de entrepiso. En el centro está la vista posterior del monumento a Piñero con el busto de espaldas y otra fuente, mucho más pequeña, con un diseño que remeda la mitad de una concha marina y otra pequeña cabeza de león por cuya boca debería fluir el agua.

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A los lados, las barandas de las escaleras terminan con pequeñas pero regordetas columnas coronadas por canteros.

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Desde el entrepiso desciende finalmente una amplia escalinata, también de 12 escalones, hasta la calle Agüero, con dos pequeños muros laterales rematados por otros dos canteros.

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Guido termina aquí, y con ella nuestro recorrido. Simplemente eleve la vista y admire desde la base de las escaleras, el edificio de la Biblioteca Nacional, el último regalo que nos ofrece esta extraordinaria calle porteña.

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VIDEO:

Lo invitamos a recorrer las escaleras de la calle Guido que dan a la calle Agüero.

ACERCA DE LA ISLA Y EL DISEÑO DE LAS ESCALERAS

Como ya hemos escrito en otro artículo[8], La Isla, con sus aproximadamente 82,000 metros cuadrados, era la quinta de la familia Hale-Pearson. En 1906, la Municipalidad de Buenos Aires decidió comprar los terrenos con el propósito de construir un barrio parque con un belvedere que diera al Río de la Plata. Para ello se contrató “al ingeniero y urbanista francés Joseph Bouvard (1840-1920), Director de Obras y Paseos de París, quién se encargó del trazado de calles, terrazas, escalinatas y del diseño de ‘Plaza Mitre’”[9] que es el otro nombre que recibe La Isla. Bouvard visitó varias veces la Argentina entre 1907 y 1910 y realizó diseños para modernizar Buenos Aires e incluso Rosario[10]. En principio, se atribuye a Bouvard, quien había sido director administrativo en el área de Arquitectura, Paseos y Forestación de París[11], la creación de las cuatro calles con escaleras de La Isla: las dos de la calle Guido, la de la calle Copérnico y la de la bella y breve calle Arjonilla.

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En La Isla se encuentran la Embajada de Inglaterra y la sede del Ministerio de Seguridad. También, al este, se encuentra el complejo monumental dedicado al Presidente Bartolomé Mitre, inaugurado en 1927, creación de los artistas italianos Davide Calandra (1856-1915), quien ganó el concurso para la obra pero murió antes de finalizarla, y Eduardo Rubino (1871-1954) quien la completó[12]. Desde ese elevado punto de la barranca, se puede observar una loma verde y la bella y ancha Avenida del Libertador.

La Isla 02 DSC026632He leído que en el sitio donde está emplazado el Monumento a Bartolomé Mitre anteriormente había una terraza con escalinatas imperiales y un nicho con una estatua, pero no pude corroborar la fidelidad de la fuente.

REFERENCIAS:

[1] Iusem, Miguel, “Diccionario de las calles de Buenos Aires”, Instituto Rioplatense de Ciencias, Letras y Artes (IRCLA S.A.), Buenos Aires, Argentina, 1971, p.87

[2] Zigiotto, Diego M., “Las Mil y Una Curiosidades del Cementerio de la Recoleta”, Ediciones B, Buenos Aires, Argentina, 2013, p.109

[3] Iusem, Miguel, “Diccionario de las calles de Buenos Aires”, Instituto Rioplatense de Ciencias, Letras y Artes (IRCLA S.A.), Buenos Aires, Argentina, 1971, p.173

[4] Piñeiro, Gabriel Alberto, “Barrios, calles y plazas de la Ciudad de Buenos Aires”, Dirección General Patrimonio e Instituto Histórico, Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Argentina, 2008, p.306

[5] Gutiérrez, Nicolás Gabriel, “Mármol y Bronce, esculturas de la Ciudad de Buenos Aires”, Olmo Ediciones, Buenos Aires, Argentina, 2015, p.629.

[6] Corona Martínez, Alfonso, Diario La Nación, Suplemento de Arquitectura, Buenos Aires, Argentina, 23/10/2002, citado en http://www.lanacion.com.ar/443042-selva-en-altura-en-pleno-centro

[7] Iusem, Miguel, Op. cit., p.81

[8] Gutiérrez, Nicolás Gabriel, Op. cit. p.590

[9] Gutiérrez, Nicolás Gabriel, Op. cit. p.591

[10] Bedrossian, Pablo, “La calle Arjonilla”, https://pablobedrossian.wordpress.com/2015/12/19/la-calle-arjonilla-por-pablo-r-bedrossian/

[9] DG en http://diager-arte.blogspot.com/2008/10/una-isla-en-recoleta.html

[10] Liemur, Jorge Francisco y Aliata, Fernando, Diccionario de Arquitectura en la Argentina, Clarín – Arquitectura, Buenos Aires, Argentina, 2004, Tomo a/b, p.180.

[11] Parise, Eduardo en http://www.diasdehistoria.com.ar/content/la-isla-acento-franc%C3%A9s-en-recoleta

[12] Gutiérrez, Nicolás Gabriel, Op. cit. p.593 y 594

FOTOGRAFÍAS: 

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© Pablo R. Bedrossian, 2017. Todos los derechos reservados.

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