“LOS ALPES”, EL PASAJE MÁS ANGOSTO DE BUENOS AIRES (por Pablo R. Bedrossian)

SERIE “PASAJES Y CALLES CURIOSAS DE BUENOS AIRES”

Ubicado en el barrio de Caballito, Los Alpes es el pasaje peatonal más angosto de Buenos Aires. Aunque suele pasar inadvertido, no es difícil llegar hasta él. Basta caminar por la Avenida Rivadavia desde Primera Junta y doblar a la izquierda en la calle Parral. Tras cruzar la calle Yerbal, Parral se interrumpe, obligando a continuar el paso por un estrecho puente peatonal de hierro levantado sobre las vías del tren.

01 DSC00892Justo antes del puente, una placa metálica nos informa que a nuestra derecha, a la altura de Parral 149, se encuentra la única entrada al Pasaje Los Alpes.

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El Pasaje Los Alpes es una suerte de vereda que de un lado tiene un conjunto de casas y del otro una alambrada desde la cual se observan las vías del Ferrocarril Sarmiento.

03 DSC00894Dice el arquitecto Rolando Schere “en su nacimiento un puente metálico que cruza sobre las vías, da continuidad peatonal a la calle Parral. Originalmente existían ocho casas chorizo y remataba en la puerta de entrada a la última casa. En la actualidad varias de estas viviendas han sido remplazadas por edificaciones de gran altura. El pasaje da la sensación de ser un balcón sobre las vías del ferrocarril. El nombre original era Pasaje Beade, apellido del dueño de los terrenos en la década del treinta”[1].

05 DSC00908En realidad, la única casa que ha sido reemplazada por un edificio alto es la de la esquina de Los Alpes y Parral. La numeración del pasaje va del 554 al 598, accediéndose desde este número hasta la entrada de la última casa, cuya puerta de alambre entramado es perpendicular al pasaje y constituye su final.

¿CUÁL ES SU VERDADERO NOMBRE?

Si observamos el mapa de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires[2], veremos que al colocar en el buscador Los Alpes de inmediato aparece Beade, en honor de “don Fernando Beade, natural de Galicia y escribano en Buenos Aires, antiguo propietario de las casas que dan al pasaje, por esto llamado Beade[3]. Sin embargo, al revisar en la base de datos de códigos postales del Correo Argentino[4] aparece exclusivamente Los Alpes. Curiosa dicotomía. ¿Cuál es el nombre verdadero del pasaje?  ¿Beade o Los Alpes?

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Miguel Iusem dice que Los Alpes es el “nombre no oficial” pero lo incluye en su Diccionario de la Calles de Buenos Aires “por tratarse de la calle más angosta de Buenos Aires”[5]. Sin embargo, Alberto Piñero, en su obra sobre los nombres de las calles porteñas, corrige ese dato y nos da la respuesta, señalando que, si bien aparece como Beade en el Indicador Urbano de Buenos Aires de 1900, el nombre cambia a Los Alpes debido a la Ordenanza N° 5.361, B.M. N° 3.531, de 1933[6].

06 DSC00912Esto mismo lo confirma el experto Eduardo Balbachán, precisando que dicha Ordenanza fue emitida por Honorable Consejo Deliberante de la Ciudad de Buenos Aires del 28 de diciembre de 1933. Para quitar toda duda, añade su transcripción: “Denomínase Los Alpes a la vía pública que va de Hidalgo a Parral, entre Yerbal y Bacacay”[7].

04 DSC00906De todos modos, Piñero menciona que en el Plano Municipal de 1968 sigue apareciendo como Beade, un anacronismo que, como vimos, hasta la fecha no ha sido corregido. Al visitar el pasaje el único nombre visible es el oficial: Los Alpes, y el único código postal para todas las casas de su corta cuadra, C1405CEB, está asignado a su nombre.

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Estado actual

Como otros pasajes peatonales de Buenos Aires, necesita recuperar su brillo.

DSC00896Creemos que el Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires debería tener un plan para la conservación de estos espacios únicos, que le dan a la Reina del Plata un toque diferente. Cada barrio tiene sus tesoros, y el Pasaje Los Alpes es una perla oculta de Caballito.

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[1] Schere, Rolando H., “Pasajes”, Ediciones Colihue, Colección del Arco Iris, Buenos Aires, Argentina, 1998, p.76

[2] https://mapa.buenosaires.gob.ar

[3] Castro López, Manuel, Almanaque Gallego, Buenos Aires, Argentina, 1927, p.63

[4] http://www.correoargentino.com.ar/formularios/cpa

[5] Iusem, Miguel, “Diccionario de las calles de Buenos Aires”, Instituto Rioplatense de Ciencias, Letras y Artes (IRCLA S.A.), Buenos Aires, Argentina, 1971, p.111

[6] Piñeiro, Alberto Gabriel, “Las calles de Buenos Aires, sus nombres desde su fundación hasta nuestros días”, Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, 2003, p.302

[7] Balbachan, Luis Eduardo, “Los ignorados pasajes de Buenos Aires”, Editorial Rodolfo Alonso, Buenos Aires, Argentina, 1982, p.47

FICHA TÉCNICA:

Pasaje Los Alpes - Ficha Técnica

FOTOGRAFÍAS:

Todas las fotos fueron tomadas por el autor y a él le pertenecen todos los derechos.

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“STEVE JOBS”, SU BIOGRAFÍA SEGÚN WALTER ISAACSON (por Pablo R. Bedrossian)

SERIE “LECTURA RECOMENDADA”

Steve Jobs

Steve Jobs fue una suerte de Leonardo Da Vinci de nuestro tiempo. Puso la tecnología al alcance de todos mediante la computadora personal y mostró y demostró que los límites a la imaginación los fijamos nosotros mismos.

La biografía escrita por Walter Isaacson lo revela desde diversos ángulos. Por ejemplo, lo describe como un vegano radical en su juventud que no se bañaba creyendo que su alimentación lo preservaba del mal olor (algo que, para desgracia de sus amigos, la realidad se ocupaba de contradecir); Más adelante transcribe sus declaracioes sosteniendo que consumir LSD había sido una de las experiencias más importantes de su vida.

Sin embargo, no es una obra sobre las excentricidades de Jobs. Dejemos que el propio autor nos revele la temática de su obra: “Este es un libro sobre la accidentada vida y la abrasadora e intensa personalidad de un creativo emprendedor cuya pasión por la perfección y feroz determinación revolucionaron seis industrias diferentes: los ordenadores personales, las películas de animación, la música, la telefonía, las tabletas electrónicas y la edición digital. Podríamos incluso añadir una séptima: la de la venta al por menor, que Jobs no revolucionó exactamente, pero sí renovó. Además, abrió el camino para un nuevo mercado de contenido digital basado en las aplicaciones en lugar de en los sitios web”.

Isaacson va (re)construyendo la historia a través entrevistas, testimonios y fuentes, obteniendo una pintura completa de Steve Jobs. No es exagerado decir que lo presenta como un genio de la innovación, un obsesivo del diseño y un maestro del marketing. Pero, como suele suceder con otros perfeccionistas, el fundador de Apple era despiadado en el trato humano. Una de las actitudes más llamativas era el insulto sistemático hacia aquellos que no satisfacían sus expectativas. Por esa incontrolable tendencia a agredir verbalmente perdió talentosos colaboradores. Sin embargo, hubo un ingeniero que supo interpretar que los insultos de Jobs no eran una ofensa personal sino su forma de decir “puedes hacerlo mejor”.

También, según Isaacson, Jobs vivía creyendo que el poder de la voluntad humana podía alterar la realidad. Así fue creando dispositivos asombrosos como iPod, el iPhone y el iPad. Pero, -señala con amargura- fue esa misma idea de omnipotencia la que lo llevó a la muerte, pues basado en ella desechó los tratamientos que le hubieran salvado la vida.

Leer “Steve Jobs” de Walter Isaacson es ser testigo del camino recorrido por un creador de nuestro tiempo; más que relatar los fracasos y éxitos de Jobs, el libro muestra sus caídas y levantadas. Subraya una tenacidad rayana con la obstinación que, unida a su original estilo de pensamiento, fue capaz de influir positivamente en la vida de millones de personas.

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“LOS 7 HÁBITOS DE LA GENTE ALTAMENTE EFECTIVA”, PRINCIPIOS PARA TODA LA VIDA (por Pablo R. Bedrossian)

SERIE “LECTURA RECOMENDADA”

7-habitosLa mayoría de la gente culpa a los demás por sus fracasos. Algunos atribuyen los sufrimientos presentes a experiencias traumáticas de su niñez. Otros, a injusticias y maltratos en el ámbito laboral o familiar, o a calamidades recientes, como robos, despidos o estafas. Incluso, hay quienes se sienten víctimas de maldiciones, del gobierno o del FMI. Independientemente de su verdadera causalidad, mientras pongamos el problema fuera de nosotros, nada va a cambiar. “Los 7 Hábitos de la Gente Altamente Efectiva” fue escrito para dejar de mirarnos como testigos de lo que nos sucede para convertirnos en protagonistas que escriben su propia historia.

No es un obra de autoayuda; ni de management personal. Es un libro de filosofía de vida que ayuda a poner bajo una adecuada perspectiva nuestros pensamientos y nuestras acciones. Su primera parte habla de lo que el autor llama “la victoria privada”, la construcción de hábitos basados en valores, entendidos como creencias profundas sobre los cuales cimentamos nuestra persona. La segunda parte está dedicada a “la victoria pública”, que se ocupa de la formación de hábitos de comunicación y comportamiento que mejoran y enriquecen las relaciones interpersonales.

Esta obra combate el miedo, la inseguridad y la desesperanza. Quizás su mayor aporte consista en cuestionar paradigmas profundamente arraigados dentro nuestro y volvernos responsables por nuestros actos y nuestros resultados. Para ello nos provee herramientas que han demostrado ser a lo largo de los años columnas inquebrantables sobre las cuales crecer y desarrollarnos.

“Los 7 Hábitos de la Gente Altamente Efectiva” es un libro para leer y releer. Su autor, Stephen R. Covey, ha sido llamado el Sócrates norteamericano. Sus lecciones sobre el cambio personal pueden revolucionar su vida. La clave consiste en leer este libro mirando hacia dentro de nosotros mismos.

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LOS PASAJES JULIO S. DANTAS Y GUILLERMO ENRIQUE GRANVILLE (por Pablo R. Bedrossian)

SERIE “PASAJES Y CALLES CURIOSAS DE BUENOS AIRES”

A fines de 2014 publiqué la nota “Tres curiosas calles de mi Buenos Aires querido”[1]. Hablaba allí de los pasajes Julio S. Dantas y Guillermo Enrique Granville y de la calle Martín Pescador. A pesar de haber emigrado, deseaba escribir sobre esas perlas ocultas de mi amada Buenos Aires. Durante una visita en 2016, pude regresar al pasaje Julio S. Dantas -en realidad, una calle muy angosta- y al pasaje Guillermo Enrique Granville, una pequeña vía peatonal. Entre ambos conforman una suerte de chata y ancha letra T. Si no lo han hecho aún, los invito a recorrerlos.

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Los pasajes Julio S. Dantas y Guillermo Enrique Granville se ubican en Villa Santa Rita. Aunque muchos lo confunden con Monte Castro, Floresta o Villa del Parque, este barrio tiene identidad propia. Está delimitado al este por la calle Condarco, al norte por la Avenida Álvarez Jonte y la calle Miranda, al oeste por la calle Joaquín V. González, y al sur por la Avenida Gaona. Fue levantado sobre una zona de quintas, lotificada a fines del siglo XIX[2].

EL PASAJE JULIO S. DANTAS

Si uno viene desde las avenidas Gaona o Juan B. Justo, sugerimos iniciar el recorrido por la calle Cuenca, poco antes de llegar a la Avenida Álvarez Jonte. A mano izquierda se abre la estrecha calle empedrada Julio S. Dantas.

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Su acera izquierda es una rampa de acceso, seguramente pensada para niños con capacidades motrices diferentes, porque a mitad de cuadra hay una escuela pública. La rampa tiene a su izquierda una baranda metálica pegada a la pared donde resalta una pintura publicitaria de la empresa Petri y el anuncio del estacionamiento para sus clientes.

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La pintura publicitaria va seguida de un mural infantil.

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A la derecha de la rampa hay un cantero poblado de vegetación.

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El pasaje Dantas nace en Cuenca 2102 y técnicamente se extiende en dirección oeste hasta Llavallol 2055, entre Elpidio González y Álvarez Jonte. Sin embargo, el pasaje realmente termina en la calle Campana, la calle siguiente, porque al llegar a ella y doblar a la izquierda, a pocos metros se abre otro pasaje, más ancho y pavimentado, que, aunque recibe el mismo nombre, no continúa ni el eje ni el diseño de la curiosa callecita empedrada.

El pasaje Dantas asciende hacia su centro bordeado por casas, en su mayoría de una planta.

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Una excepción la constituye un edificio de ladrillos rojos, amplios ventanales y secciones lisas color amarillo en su fachada.

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Un poco más allá se encuentra a mano izquierda la Escuela Provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur (su altura exacta es 3260); del lado derecho nace el estrecho pasaje peatonal Guillermo Enrique Granville, cuya entrada tiene una pequeña rampa en el centro con sus respectivos apoyamanos, a la izquierda un camino para los transeúntes y a la derecha un alto cantero con plantas y un farol pintado de gris.

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Continuando por Dantas, la calle desciende en suave pendiente hacia la calle Campana.

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Termina también con una rampa a la izquierda y con escalones a la derecha.

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Por el pasaje Julio S. Dantas puede pasar sólo un auto por vez y no hay espacio para que lo recorra un camión. Sus aceras están elevadas, remedando las veredas de La Boca.

¿DE DÓNDE PROVIENE SU NOMBRE?

La altura del pasaje Julio S. Dantas va del 3201 al 3300. De lado sur tiene una cuadra, del norte dos, pues la divide el pasaje Granville. Una placa permite leer allí Julio S. Dantas 3270-3300 marcando el inicio de su segunda cuadra.

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No hay acuerdo en cuanto al origen de su nombre. Según Eduardo Luis Balbachán antiguamente se llamaba Saragoza, pero Rolando H. Schere dice que su nombre original era El Delta, que es la continuación que tiene el pasaje del otro lado de la calle Cuenca. Sin embargo, desde 1944 toma su nombre actual honrando la memoria de un héroe de la Guerra con el Paraguay.

Recibió su nombre por el Decreto 2279 del 30 de junio de 1944, durante la intendencia del coronel César R. Caccia. Hablando de militares, el nombre lo recibe de un hombre de armas, héroe de la Guerra con el Paraguay. Julio S. Dantas había nacido en 1847 en Buenos Aires. A sus 19 años, en la batalla de Sauce o de Boquerón de Piris, recibió una bala que le destrozó la mandíbula durante el osado intento de colocar la bandera argentina en las trincheras enemigas. A pesar de ello, aferró de tal modo el pabellón celeste y blanco que al subteniente Bosch le costó trabajo arrancárselo. Bosch pensó que estaba muerto, pero su asistente, el soldado Enrique Flores, lo tomó por debajo de sus brazos, lo cargó en su espalda y lo llevó a territorio amigo. Dantas sobrevivió. Tras un año de hospitalización fue dado de alta y ascendido a teniente. Se retiró un año después con el título de capitán. Más tarde ejerció funciones administrativas en el Ministerio de Guerra y en la Policía, donde llegó a ser el Jefe de la Provincia de Buenos Aires. Fue diputado electo en 1882 y reelecto en 1908. Murió en 1922.

PASAJE GUILLERMO ENRIQUE GRANVILLE

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Comienzo diciendo que en mi última visita encontré varias mejoras en el pasaje Guillermo Enrique Granville, que lo han embellecido. Es una de las escasas calles peatonales que perduran en Buenos Aires. Debajo comparto vistas de su entrada, primero iniciando el recorrido desde el pasaje Julio S. Dantas, y luego, girando 180º, como si desembocáramos en él.

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Para ser exactos, el pasaje Guillermo Enrique Granville se extiende entre Julio S. Dantas 3271 y Álvarez Jonte 3270. Adquirió su nombre en el mismo decreto 2279 del 30 de junio de 1944 que le dio su nombre al pasaje Dantas. Aunque es un pasaje corto, su numeración va del 2101 al 2200.

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Comienza con una pasarela angosta y la rampa que mencionamos, que a un lado tiene un cantero con plantas, arbustos y algunos árboles, y al otro las edificaciones.

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Luego el sendero empedrado se ensancha, encontrando canteros con plantas y arbustos en su centro, faroles pintados de gris y glorietas.

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Rodeado de viviendas familiares, en su mayoría de una planta, transmite una atmósfera apacible.

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Es un espacio único, una suerte de península urbana, ajena al movimiento de la Avenida Álvarez Jonte.

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Precisamente, al llegar a la avenida mencionada hay una nueva rampa que facilita el paso de personas con capacidades motrices diferentes, con sendos apoyamanos a sus lados; a un lado hay una acera con escalones y al otro más canteros.

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Un colorido mural, firmado “M.A.V. 2015” decora una de sus paredes laterales seguido de otro más pequeño donde se lee “Escuela Nº 18 Pcia. de Tierra del Fuego”.

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Cuenta el arquitecto Rolando H. Schere que antiguamente se lo llamó Normandía y La Puñalada. Hay un website titulado “Vecinos del Pasaje La Puñalada autoconvocados en defensa de Granville y su entorno de pasajes” que contiene información muy rica acerca del pasaje, además de protestar por la construcción de torres vecinas, reclamo que apoyamos en su totalidad.

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Dice allí: “Y hablamos de su belleza, no solamente porque muchos son la cuarta generación de habitantes de estas 14 casas, la mayoría levantadas por inmigrantes italianos… sino por razones objetivas: Granville es un pasaje peatonal de una sola cuadra, atravesado por largos canteros con palmeritas, limoneros, damas de noche o higueras, donde todavía podrá encontrar por las tardes niños corriendo una pelota, o recorriendo sus baldosas en bicicleta, que son nuestros hijos adueñándose de la vereda paradójicamente en uno de los pocos barrios que no cuenta con ningún espacio verde, ni parques ni plazas. Es un rinconcito de Buenos Aires donde todos los 8 de diciembre, cada vecino trae sus adornos navideños y entre todos decoramos un único arbolito en un cantero de nuestra calle. Y a toda esta belleza se suma que en uno de sus extremos Granville linda con otro pasaje angosto y empedrado: Julio Dantas, donde se encuentra la escuela primaria Nro 18 DE 17, cuyos alumnos atraviesan Granville para volver a sus casas” [3]. Magnífico testimonio de los vecinos de esta oculta perla porteña.

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¿POR QUÉ SE LLAMA ASÍ?

Hay dos versiones que explican por qué antiguamente el pasaje era conocido como “La puñalada”: una, por su trazado visto desde arriba, abriendo un corte en la manzana; otra, por una pelea entre compadritos a principios del siglo XX. En 1944, gracias al decreto mencionado arriba recibe la denominación actual.

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Su nombre proviene de un marino inglés, nacido en 1793, que había estado al servicio del almirante Thomas Cochrane, un estratega naval británico que peleó por la independencia americana en el Pacífico chileno. Granville llegó de Chile a Buenos Aires cuando se iniciaba la guerra con el Brasil imperial por el dominio de la Banda Oriental. En 1826 fue nombrado capitán y estuvo a cargo de la goleta Guanaco. A fines de ese año se sumó con su nave a la flota dirigida por el almirante Guillermo Brown que ascendió por el río Uruguay, y que tuvo su día glorioso en la batalla de Juncal. Durante el 8 y 9 de febrero la escuadra de las Provincias Unidas del Sur combatió a sangre y fuego con la brasileña. tomando finalmente ventaja a través de su inteligencia militar. Sin perder navío alguno, logró apresar doce buques e incendiar otros tres. Por su participación en esta extraordinaria victoria Granville fue ascendido a sargento mayor. Dos meses después tuvo una heroica participación el combate de Monte Santiago, que fue la mayor derrota naval argentina en aquella contienda. A cargo del bergantín República, sufrió una grave herida en el brazo izquierdo que le fue amputado a la altura del codo. En ese estado tuvo que trasladarse a la goleta Sarandí, desde donde hizo volar al República, ya abandonado, para que no cayera en manos enemigas. Murió en 1836.

REFERENCIAS:

[1] https://pablobedrossian.wordpress.com/2014/11/08/tres-curiosas-calles-de-mi-buenos-aires-querido-por-pablo-r-bedrossian/

[2] http://www.buenosaires.gob.ar/laciudad/barrios/villa-santarita

[3] http://vecinosdegranville.blogspot.com/2010/04/la-punalada-milonga-de-juan-darienzo.html

NOTA:

En letra itálica aparece el texto transcripto del primer artículo (ver link arriba en REFERENCIAS) y el aporte de la página vecinal.

FOTOGRAFÍAS:

Todas las fotografías fueron tomadas por el autor de esta nota y le pertenecen todos los derechos.

BIBLIOGRAFÍA:

Balbachan, Luis Eduardo, “Los ignorados pasajes de Buenos Aires”, Editorial Rodolfo Alonso, Buenos Aires, Argentina, 1982

Iusem, Miguel, “Diccionario de las calles de Buenos Aires”, Instituto Rioplatense de Ciencias, Letras y Artes (IRCLA S.A.), Buenos Aires, Argentina, 1971

Piñeiro, Alberto Gabriel, “Las calles de Buenos Aires, sus nombres desde su fundación hasta nuestros días”, Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, 2003

Schere, Rolando H., “Pasajes”, Ediciones Colihue, Colección del Arco Iris, Buenos Aires, Argentina, 1998

 

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“LA VISITACIÓN”, LENGUAJE NO VERBAL Y CONEXIÓN HUMANA (por Pablo R. Bedrossian)

SERIE ARTE Y MANAGEMENT

Piero di Cosimo (1462-1522) fue un pintor renacentista italiano. La única fuente biográfica es el libro “Vidas”, escrito por Giorgio Vasari a mediados del siglo XVI. Allí lo destaca por “la extrañeza de su mente y por su constante búsqueda, a pesar de las dificultades”; sin embargo, también enfatiza sus manías y su notable misantropía, describiéndolo como “más animal que humano”.  A pesar de ello, nosotros vemos a través de esta pintura el espíritu sensible de un artista, capaz de comunicar emociones a través del lenguaje corporal de sus personajes.

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Hace muchos años llegó a mis manos un pequeño librito de Bruce Larson, titulado “Ya no somos extraños”. Sostenía que vivimos en un mundo de relaciones y que la clave del éxito radicaba en aprender a relacionarnos. En el presente esa tesis ha quedado obsoleta.

Hoy vivimos en una época de conectividad. Vivimos conectados a dispositivos, a redes móviles, a redes inalámbricas, a redes sociales, y, sin embargo, tenemos una profunda carencia de conexiones humanas. Dicho de otro modo, las relaciones ofrecen contacto; las conexiones crean confianza. No es lo mismo conocer a alguien que entenderlo, hablar con él que comunicarnos. Para una verdadera conexión es necesario el deseo genuino de establecerla.

Nuestra voluntad se expresa de diversos modos. No sólo hablan las palabras: nuestro cuerpo habla. Los sucesivos experimentos de Albert Mehrabian sobre actitudes y sentimientos, mostraron que sólo el 7% de la información se atribuye a las palabras, mientras que el 38% se atribuye a la voz (entonación, proyección, resonancia, tono, etc.) y el 55% al lenguaje corporal (gestos, posturas, movimiento de los ojos, respiración, etc).

Los recientes estudios de Paul Ekman han contribuido significativamente a la comprensión del lenguaje no verbal a través del análisis de las expresiones faciales de las emociones primarias (alegría, ira, tristeza, miedo, asco, sorpresa y, posteriormente, desprecio). A través de ellos este investigador demostró contundentemente la universalidad de estas microexpresiones.

HABLAR SIN PALABRAS

El primer punto de contacto con otro ser humano suele ser el saludo. Es muy difícil establecer una conexión con el prójimo sin saludarlo. Veamos en un ejemplo cómo el lenguaje corporal construye puentes interpersonales.

El óleo en tabla “Visitación con los santos Nicolás y Antonio” (“Visitazione con i santi Nicola e Antonio”) fue pintado alrededor de 1490 por Piero di Cosimo; se lo puede admirar en la National Gallery of Art, de Washington D.C., Estados Unidos.

La obra representa una escena relatada en el Evangelio según San Lucas, el encuentro entre dos mujeres: María y Elisabet. Elisabet era estéril y de edad avanzada[1], pese a lo cual quedó embarazada; llevaba en su vientre a quien sería conocido como Juan El Bautista. Según el escritor cristiano, seis meses después[2], María, que era su pariente[3] concibió del Espíritu Santo a Jesús, “por lo cual… será llamado Hijo de Dios”[4].

Continúa el relato “En aquellos días, levantándose María, fue de prisa a la montaña, a una ciudad de Judá; y entró en casa de Zacarías, y saludó a Elisabet”. Ese es el momento que retrata el pintor en esta obra, que completa con las imágenes de san Nicolás y san Antonio (en realidad, el abad Antonio) en los ángulos inferiores, quienes parecen estar ajenos al encuentro.

Piero di Cosimo reinterpreta el texto bíblico. Pone a las mujeres en un entorno medieval y se concentra en la conexión que establecen a través del lenguaje corporal. Observemos la pintura:

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A la izquierda, más joven, vestida de azul y púrpura se encuentra María; a la derecha, mayor, con un vestido oscuro y una mantilla blanca está Elisabet. El artista presenta cuatro elementos no verbales que las vinculan:

Los torsos y cabezas inclinados hacia adelante, que indican proximidad y confianza.

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Desde luego, un acercamiento mayor produce incomodidad; todos necesitamos sentirnos dueños de un espacio alrededor nuestro, generalmente de un metro cuadrado; si alguien ingresa a esa zona sin nuestro consentimiento nos sentiremos invadidos. Pero la inclinación del cuerpo hacia la otra persona muestra interés y deseo de cercanía.

Las miradas: ambas se miran a los ojos.

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Se dice que los ojos son las ventanas del alma. Mirar a los ojos significa prestar y dedicar atención. A través de la maestría del artista, percibimos en las apacibles miradas simpatía, aprecio y consideración mutuas.

Las manos estrechadas: Es la forma más simple y a la vez más simbólica del contacto humano.

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Ofrecer la mano es una muestra de buena disposición hacia la otra persona. En franquearle el acceso a nosotros. Desde luego, importa cómo damos la mano. Un apretón firme comunica de una voluntad favorable, mientras que una mano blanda puede sugerir que se saluda por compromiso o sin interés.

La mano izquierda apoyada sobre el brazo de la otra mujer quien, a su vez, agita la suya con la palma abierta.

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La mano de María conecta con Elisabet a modo de un puente tendido entre ambas. El gesto sugiere que la pariente más joven es la que toma la iniciativa. La mano abierta de la anciana parece una respuesta al contacto, y expresa satisfacción y bienvenida. Cada una a su manera manifiesta el interés de conectarse con la otra.

Si bien la forma difiere según la cultura, en todas las sociedades el saludo es el punto de partida para toda conexión humana. La pintura de Piero di Cosimo nos propone cómo dar los primeros pasos para una comunicación interpersonal franca y sincera a través de los gestos. A pesar del paso de los siglos, en el contexto de la cultura occidental su significado sigue siendo el mismo: un lenguaje corporal que nos acerca y nos conecta.

Finalmente, pensemos en nosotros mismos y en el mundo que nos rodea. ¿Nos hemos preguntado alguna vez qué comunica nuestro saludo?  Si nos interesa conectarnos con los demás debemos tomar la iniciativa y expresar no sólo con nuestras palabras el auténtico interés por nuestros semejantes.

REFERENCIAS:

[1] Evangelio según San Lucas 1:7, La Biblia

[2] Evangelio según San Lucas 1:24-26,36, La Biblia

[3] Evangelio según San Lucas 1:36, La Biblia

[4] Evangelio según San Lucas 1:35, La Biblia

© Pablo R. Bedrossian, 2017. Todos los derechos reservados, a excepción de las fotografías.

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LA COLONIA OBRERA (por Pablo R. Bedrossian)

SERIE “PASAJES Y CALLES CURIOSAS DE BUENOS AIRES”

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Vista de la entrada a la Colonia Obrera desde la calle Traful al 3600

Muy cerca del Hospital Aeronáutico, y dentro del barrio de Nueva Pompeya (o simplemente Pompeya) se encuentra la Colonia Obrera. Ocupa íntegramente la manzana delimitada por las calles Traful, Cachi, Alfredo Gramajo Gutiérrez y Albert Einstein. Es un complejo de casas de habitación comunicadas entre sí y con el exterior a través de una curiosa red de pasajes peatonales. A pesar que su estado de conservación dista mucho de ser el ideal, es una perla oculta de Buenos Aires. 

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Vista de la entrada a la Colonia Obrera desde la calle Alfredo Gutiérrez Gramajo al 3600

La Colonia Obrera es una suerte de minibarrio formado por una sola manzana. Paradójicamente, sus pasajes no tienen nombre pero las casas sí tienen numeración.

Las viviendas son bajas (pocas tienen dos plantas) y sólo hay algunas torrecitas con techos a cuatro aguas. Para entender el diseño, hay que comenzar por su plaza central de forma cuadrada, donde se destaca la vieja torre con su reloj y campanario.

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Otra de las entradas a la torre del campanario

En realidad, son cuatro relojes, uno en cada cara de la torre, de los cuales ninguno funciona.

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En la foto se pueden observar dos de los cuatro relojes

Debajo de los relojes hay un amplio mirador. El diseño del herraje de su balcón parece una serie de corazones invertidos. El campanario está oculto por las sombras detrás del arco. Cuando uno contempla el deterioro general del sitio, la falta de mantenimiento y la miríada de cables que lo surcan, aunque percibe el misterioso encanto de la decadencia, espera que algún día recupere la gloria perdida. La Colonia Obrera, y en particular su torre, son dignas de una profunda restauración.

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Detrás de la torre, mirando hacia la calle Alfredo Gramajo Gutiérrez encontramos un altar dedicado a la Virgen María, cuya imagen se ha instalado en una especie de gruta.

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Al llegar a la plazoleta, el pasaje de ingreso, que comunica la calle Traful con la calle Alfredo Gramajo Gutiérrez, se divide en dos, uno norte y uno sur, rodeando la torre, para luego volver a unificarse. A pocos metros (y en ambas direcciones) se abren otros pasajes que, en realidad, conforman uno solo, de perímetro cuadrado, que es la vía de acceso al interior de la Colonia Obrera. Para su mejor comprensión, presentamos un croquis.

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Recorrer este circuito es una interesante experiencia. Comenzamos por el pasaje que conduce a la sección este.

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Las casas del lado este, de numeración impar, son las que más demuestran el paso del tiempo. Muchas han levantado muros que ocultan sus fachadas.

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Las casas del lado oeste, de numeración par, se ven mejor cuidadas, están pintadas con colores pasteles, y la mayoría simplemente tiene verjas de hierro delante de sus frentes.

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El piso de los pasajes es de baldosas; en algunos tramos se encuentra muy dañado. Se encuentra interrumpido por algunos árboles y postes metálicos de alumbrado público. Además, por encima hay un abundante cablerío.

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La superficie del terreno es 10,348 m2 y la superficie construida de 4,000 m2. En 1997 fue incluido dentro de las APH (Área de Protección Histórica de la Ciudad de Buenos Aires).

SU HISTORIA

Rolando Schere en su libro “Pasajes” cuenta el origen: proviene de la subdivisión de un lote de tres hectáreas; una de las parcelas resultantes fue cedida a la Sociedad San Vicente de Paul, una entidad de beneficencia de laicos católicos, por una ordenanza del 28 de septiembre de 1909, a fin de construir viviendas para trabajadores[1].  El arquitecto Schere, agrega este microbarrio fue levantado entre 1912 y 1926.

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En una nota el Diario Clarín, Eduardo Parise, Clarín explica que su verdadero nombre es Colonia Obrera de Nueva Pompeya / Pequeño Barrio San Vicente de Paul. Agrega además que “fue inaugurado el 17 de octubre de 1912 con la presencia del presidente Roque Sáenz Peña y el intendente Joaquín de Anchorena. El complejo, diseñado por el arquitecto Vicente Frigerio Alvarez, tiene 46 casas de un ambiente, 96 de dos y solo tres de tres”[2]. María Pagano, en su artículo en La Nación dice que las viviendas son 92[3].

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Parise añade un interesante detalle: “Además, estaba determinado que todas las viviendas tendrían sus frentes de un mismo color: ‘verde imperio’ o ‘verde inglés’, según la marca de pintura que se usara. Y si se colocaba algún toldo, debía ser siempre anaranjado”[4]. Hoy no queda el menor resabio de esa norma.

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Como las damas vicentinas son las propietarias, todos los habitantes son inquilinos que les pagan una módica cuota o alquiler mensual.

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CURIOSIDADES

María Pagano menciona en su artículo en La Nación que allí se han filmado publicidades y películas y menciona que legendaria diva argentina Isabel Sarli grabó una escena que en la gruta de Virgen. Esto resulta paradójico porque durante muchos años la Administración de la Colonia Obrera impuso un estricto reglamento de conducta que se colgaba en la entrada de las viviendas. Incluso las damas vicentinas tenían autoridad para entrar en las casas para verificar su cumplimiento. No es difícil imaginar que en esa singular comunidad de inmigrantes españoles e italianos existían las excepciones.

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Una señora me contó lo sucedido en una de las casas del lado este. Había una joven y bella vecina que repentinamente quedó viuda. No tenía hijos y vivía sola. Un día llegó un caballero muy bien vestido, portando un paquete. Golpeó a la puerta y doña Julieta -así se llamaba la mujer- lo hizo entrar. Una media hora después el hombre se retiró con una amplia sonrisa, algo que no pasó inadvertido para señoras de la Colonia. Una semana después llegó otro hombre con gran bolso a la puerta de la viuda, quien lo recibió del mismo modo. Un rato después el hombre se marchó tranquilamente. Las visitas comenzaron a ser la comidilla de los inquilinos, siempre atentos a las “novedades” sociales de la cuadra.

028-dsc06427Unos días después ingresó a la casa de doña Julieta un varón de buen aspecto con una caja envuelta en papel madera y pocos días después otro con un enorme maletín. Un grupo de vecinas, aduciendo que no querían ser consideradas cómplices por su silencio, envió una nota a la Junta de la organización católica propietaria. Allí insinuaban que la viuda podría estar ejerciendo la profesión más antigua del mundo, una suprema vergüenza para la comunidad. La Administración decidió montar una discreta guardia sobre la casa. A la llegada de un joven con una gruesa bolsa, una directiva vicentina se apersonó al domicilio de doña Julieta. Llamó a la puerta y ella le abrió de inmediato. La visitante indicó que iba a revisar el lugar. Encontró al joven sentado en la mesa con un conejo entre sus manos. Miró alrededor y encontró jaulas con diversos animalitos que iban desde un gato a un par de ardillas.

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La viuda explicó que ante su soledad decidió buscar mascotas que le hicieran compañía. Como el reglamento era estricto en cuanto a la prohibición de tener animales, le pedía a sus proveedores que ocultaran la fauna del resto del vecindario, porque prefería correr el riesgo a ser descubierta que sentirse sola. La inspectora se sintió conmovida pues ella también era viuda y sin hijos, así que hizo un acuerdo con doña Julieta. No la iba a denunciar ni sancionar si retiraba todos las mascotas, pudiendo conservar solamente los canarios, los únicos admitidos en el reglamento. La joven mujer aceptó; con dolor puso todas las mascotas en una valija , y el joven, involuntario testigo de la escena, en ese mismo momento se las llevó. Doña Julieta, impulsada por la soledad, buscó pareja y la encontró en un polaco que vivía cerca. Se casaron y tuvieron hijos. La señora que me relató la historia resultó ser la nieta de ese matrimonio que se formó gracias o a pesar del reglamento.

REFERENCIAS:

[1] Schere, Rolando H.,  “Pasajes”, Ediciones Colihue, Colección del Arco Iris, Buenos Aires, Argentina, 1998, p.134

[2] Parise, Eduardo, “Marca obrera en Nueva Pompeya”, Diario Clarín, Buenos Aires, Argentina, 30/05/2011, http://www.clarin.com/ciudades/Marca-obrera-Nueva-Pompeya_0_BkGbFnW6PXx.html

[3] Pagano, María, “Un barrio de sólo una manzana en el corazón de Nueva Pompeya”, Diario La Nación, Buenos Aires, Argentina, 19/02/2015, http://www.lanacion.com.ar/1769525-un-barrio-de-solo-una-manzana-en-el-corazon-de-nueva-pompeya

[4] Parise, Eduardo, artículo citado

FOTOGRAFÍAS:

Todas las fotos fueron tomadas por el autor y a él le pertenecen todos los derechos.

© Pablo R. Bedrossian, 2017. Todos los derechos reservados.

 

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